Entrevista a Paquita Escoi Martínez. Gerenta de Fruilar con motivo del VI Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos

Nerea Rodriguez. Redacción.
La nueva ingeniería agronómica necesita mucho más que conocimientos técnicos: requiere capacidad de adaptación, visión global, liderazgo y talento para afrontar los retos de un sector en plena transformación. Pero ¿están las empresas aprovechando todo el talento disponible? Paquita Escoi Martínez, gerenta de Fruilar, abordará estas cuestiones en el VI Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos, en una mesa redonda que pondrá el foco tanto en las competencias que demanda el futuro como en la presencia de mujeres en puestos de responsabilidad.
Valencia Fruits. Participa como ponente en el Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos para abordar las habilidades y el talento que necesitará la nueva ingeniería. ¿Cuál considera que es el principal cambio que afronta hoy la profesión?
Paquita Escoi. El principal cambio es avanzar hacia una agricultura inteligente, en un sector cada vez más tecnificado, con un mercado más exigente, márgenes ajustados y un mayor riesgo climático. Antes se pensaba sobre todo en producir y obtener kilos; ahora debemos prestar más atención a la calidad, al medio ambiente y al aprovechamiento de unos recursos que son limitados. El cambio climático es una realidad que estamos viendo en el campo, y este verano en Lleida ha sido un infierno. El futuro pasa por utilizar la tecnología para mejorar la eficiencia y aprovechar mejor los recursos, sin perder el criterio técnico ni la visión global de la actividad.
VF. Su trayectoria ha pasado por la programación informática, la formación agraria, la calidad y la gerencia de Fruilar. ¿Hasta qué punto esta combinación de perfiles es representativa del ingeniero agrónomo que necesitan hoy las empresas?
PE. No sé si es representativa de todos los perfiles que necesitan las empresas, pero sí creo que cada vez es más importante tener una visión global. La especialización es buena, pero también lo es contar con profesionales capaces de comprender distintas áreas y relacionarlas entre sí. En mi caso, conozco bien la producción, he trabajado en calidad y conozco a nuestros productores. Cuando das el salto a la gerencia, necesitas entender el funcionamiento de toda la central frutícola y cómo se relacionan sus distintas áreas. Esa experiencia me ha beneficiado porque me permite comprender mejor las consecuencias de las decisiones en el conjunto de la empresa.
VF. La automatización, la robotización y la digitalización están transformando las centrales frutícolas. ¿Qué competencias tecnológicas debería dominar un ingeniero agrónomo para desenvolverse en este nuevo escenario?
PE. No se trata de que todos los ingenieros agrónomos sean especialistas en tecnología, sino de que sepan qué herramientas existen, cómo funcionan y cuándo pueden utilizarlas. Deben ser capaces de identificar qué procesos se pueden automatizar o robotizar, qué requisitos necesitan y qué beneficios pueden aportar. Para ello hace falta una visión de conjunto. Los jóvenes tienen la ventaja de que muchas de estas tecnologías forman parte de su formación desde el principio, mientras que quienes estudiamos hace treinta años hemos tenido que aprenderlas después. Sin embargo, la experiencia práctica también es fundamental: conocer cómo funcionan las cosas y haberlas hecho paso a paso permite interpretar mejor los resultados. La tecnología es una herramienta, pero hay que saber utilizarla.
VF. Cada vez se generan más datos en el campo y en los almacenes. ¿Qué importancia tiene analizarlos y convertirlos en decisiones útiles?
Los datos son útiles cuando nos ayudan a comprender lo que ocurre y a tomar mejores decisiones. La inteligencia artificial puede ayudarnos a avanzar hacia una agricultura inteligente y preventiva, utilizando la información para crear modelos que permitan anticipar riesgos, detectar problemas y actuar antes de que ocurran. También podemos cruzar datos meteorológicos con incidencias en el campo, resultados productivos en la central y datos económicos relacionados con las liquidaciones de los agricultores. Así obtenemos una visión mucho más completa de lo que está pasando. Pero acumular información no basta: necesitamos profesionales capaces de interpretarla, contrastar las previsiones con la realidad y extraer conclusiones útiles. Ahí es donde el conocimiento técnico y la visión global del ingeniero agrónomo aportan valor.
VF. ¿Cómo ha cambiado el papel del ingeniero agrónomo dentro de una central frutícola, una cooperativa o una empresa agroalimentaria?
PE. Creo que los ingenieros agrónomos siguen desarrollando muchas de las funciones que desempeñaban antes, tanto en el campo como en las empresas, pero las nuevas tecnologías les abren otros ámbitos profesionales. Pueden trabajar en producción, sanidad vegetal, construcciones agrarias o gestión, entre otras áreas. Lo que ha cambiado es que ahora tenemos mucha más información y herramientas para analizarla. El productor acumula conocimientos y datos a partir de su experiencia, pero hace falta alguien con una visión global que pueda relacionarlos, analizarlos y extraer conclusiones. Un ingeniero agrónomo puede cruzar información meteorológica, productiva y económica para comprender mejor qué sucede y cómo mejorar los resultados. Su papel no consiste únicamente en producir, sino también en interpretar lo que ocurre y ayudar a tomar decisiones que beneficien al conjunto de la empresa.
Más allá de los conocimientos técnicos, ¿qué habilidades de liderazgo, comunicación y gestión de equipos considera imprescindibles para asumir responsabilidades directivas?
Para liderar hacen falta escucha, comunicación clara y coherencia. A las personas que trabajan conmigo les pido responsabilidad y que piensen siempre en lo que hacen y en sus consecuencias. También considero fundamental que disfruten de su trabajo y sean felices. Las personas trabajan mejor cuando se sienten valoradas y encuentran sentido a lo que hacen. La responsabilidad de quien dirige no consiste únicamente en organizar tareas o alcanzar objetivos, sino también en crear las condiciones para que cada persona pueda desarrollar bien su trabajo y aportar lo que sabe.
VF. La incorporación de nuevas tecnologías también exige adaptar los equipos y las formas de trabajar. ¿Cómo se gestiona ese cambio dentro de una empresa y qué papel desempeña la formación continua?
PE. El cambio se gestiona explicando por qué es necesario, escuchando a las personas y acompañándolas durante el proceso. No basta con instalar una tecnología: hay que aprender a utilizarla y entender cómo modifica el trabajo diario y qué mejoras se esperan conseguir. La formación continua es esencial para ganar confianza y aprovechar las nuevas herramientas. También es importante que las personas comprendan para qué sirven y qué valor aportan. Sin profesionales formados y comprometidos no hay una transformación real, por mucha tecnología que incorporemos.
Desde su experiencia al frente de Fruilar, ¿qué perfiles profesionales son hoy más difíciles de encontrar y qué competencias necesitan las empresas agroalimentarias?
Más que señalar un único perfil difícil de encontrar, destacaría la importancia de contar con profesionales que combinen conocimientos técnicos con capacidad de adaptación, visión global y responsabilidad. Las empresas necesitan personas que piensen en lo que hacen, tengan iniciativa para aprender y busquen hacer bien su trabajo, sea cual sea su responsabilidad. También es importante que sepan relacionarse con otras áreas y comprender cómo influye su actividad en el resultado final. El conocimiento especializado es necesario, pero debe acompañarse de capacidad de aprendizaje y de una visión amplia de la empresa.
VF. ¿Está respondiendo la formación universitaria a las necesidades reales de las empresas o hace falta reforzar la conexión entre universidad, centros de investigación y tejido empresarial?
PE. La formación universitaria y la investigación aportan una base fundamental, pero creo que todavía falta una transferencia real de sus avances a las empresas y cooperativas agrarias. Existe mucha tecnología disponible, pero necesitamos profesionales que ayuden a identificar cuál es útil en cada caso, adaptarla a los procesos y conseguir que se utilice de forma eficiente y aporte valor. Igual que contamos con ingenieros que diseñan proyectos de riego o construcciones agrarias, necesitamos ingenieros agrónomos y consultores capaces de acompañar proyectos de transformación digital, desde el diagnóstico de las necesidades hasta su implantación y seguimiento. Para ello es clave reforzar la colaboración entre universidades, centros de investigación y empresas, y acercar la formación a los problemas reales del sector.
La ingeniería agronómica debe integrar conocimientos técnicos, económicos, tecnológicos y humanos. ¿Cómo se consigue ese equilibrio sin perder la especialización que requiere cada área?
El equilibrio se consigue manteniendo una buena especialización y, al mismo tiempo, comprendiendo cómo se relaciona el propio trabajo con el de las demás áreas. No se trata de saberlo todo, sino de tener una visión global, escuchar a otros profesionales y considerar los efectos de cada decisión en el conjunto de la empresa. La tecnología puede ayudarnos a relacionar información y mejorar los procesos, pero necesitamos profesionales que sepan interpretarla y aplicar sus conocimientos a cada situación.
En el Congreso participa en una mesa redonda junto a otras mujeres que ocupan puestos directivos. ¿Qué mensaje quiere trasladar con su ponencia y qué reflexión plantea sobre la presencia femenina en los órganos de dirección del sector agroalimentario?
El objetivo es visibilizar el talento femenino y reflexionar sobre por qué hay tan pocas mujeres en puestos directivos. En Cataluña, por ejemplo, pregunté a Afrucat, la asociación del sector frutícola, cuántas mujeres dirigían las empresas asociadas. De las 75 empresas consultadas, sólo ocho tenían una mujer al frente, alrededor del 10%. En cuanto a las presidencias de centrales, cooperativas o sociedades agrarias de transformación, no se identificaron mujeres en la consulta que realicé.
En mi caso, tuve la suerte de que mi anterior jefe viera en mí la capacidad para asumir la gerencia. Pero creo que muchas veces a las mujeres no se las visualiza para ocupar cargos directivos. Cuando una mujer llega a dirigir una empresa, parece que la noticia es que sea mujer, en lugar de valorar su trayectoria y su capacidad profesional. También ocurre con el lenguaje: yo utilizo la palabra ‘gerenta’ porque es una forma de reivindicar que las mujeres podemos ocupar esos puestos con normalidad.
No se trata de plantear una cuestión de mujeres contra hombres. Es una reflexión que debemos hacernos como sociedad. Si no reconocemos el talento y no damos oportunidades a quienes pueden liderar proyectos y empresas, estamos perdiendo capacidades que necesitamos. La pregunta que debemos hacernos es si, como sociedad, estamos dejando pasar talento que podría estar liderando nuestras empresas.





