Ximo Aguilella, decano del COIAL: “Si el horizonte de cambio se mide en meses, no sirven normas pensadas para años”

Olallo Villoldo, el IVIA y el sector vitivinícola valenciano y balear recogen los Premios COIAL 2026

Premios COIAL 2026

Los galardonados en esta edición de los Premios COIAL en esta edición junto con los representantes institucionales. / COIAL

Valencia Fruits. Redacción

El Colegio de Ingenieros Agrónomos de Levante (COIAL) ha entregado  en el Hotel SH Valencia Palace los Premios COIAL 2026. El decano del COIAL, Ximo Aguilella, ha abierto su discurso advirtiendo de la disrupción tecnológica en la que nos adentramos. “Los cambios que estamos viviendo, y los que se avecinan, son tan abrumadores que el futuro no son diez años, ni cinco. Son seis meses. El tiempo se acorta, y no hablo de relojes: hablo del ritmo al que cambian las cosas y de la distancia que se abre entre quien sabe aprovecharlo y quien no. Es más: la velocidad del cambio es, en sí misma, el cambio”. Las herramientas disponibles, ha señalado, “pueden multiplicar lo que somos capaces de hacer. Pero tenerlas a mano no es lo mismo que saber aprovecharlas”.

Para Aguilella, ante este cambio tecnológico radical, “la anticipación necesita un entorno que la permita”, y ahí es donde los ejemplos de los premiados “se convierten en reivindicaciones”. La primera, la adaptación de la Administración a los nuevos tiempos para que vaya acompasada al ritmo de las empresas y de la tecnología. “Olallo dedica su vida a que otros pongan en marcha sus proyectos; los investigadores del IVIA necesitan dedicarse a resolver los problemas que dan sentido a su trabajo. Unos y otros necesitan una organización de lo público que acompañe sus tiempos, no que los frene”, ha afirmado.

Todo pasa, según el decano, por una simplificación administrativa que no se limite a retocar lo que existe, sino que se atreva a suprimir lo que no sirve y a rehacerlo con los medios actuales: una simplificación “que en muchos casos implicará empezar con una hoja en blanco. Si el horizonte de cambio se mide en meses, no podemos seguir funcionando con normas pensadas para años”. En vísperas de elecciones, y ante los representantes de los principales grupos parlamentarios, Aguilella ha reclamado “un compromiso claro y transversal para una reforma radical de la Administración, en el sentido literal: que vaya a la raíz. No pedimos que no haya reglas; pedimos cambiarlas cuando las reglas sean el problema”.

Sin olvidar, ha añadido, mejorar lo que ya existe por necesario, un camino que el colegio recorre desde hace años junto a la Conselleria con el desarrollo de herramientas que simplifican trámites y facilitan gestión e inversión: “Es trabajo hecho y en marcha, y quiero reconocerlo expresamente aquí”. Pero el decano ha recordado que hay “deberes para todos”: la nueva realidad obliga a adaptar el tamaño de las explotaciones y de las empresas “para poder adaptar la estructura productiva a la tecnología. Si no lo hacemos, no vamos a ser competitivos”.

Investigar para resolver problemas

La segunda reivindicación se refiere a la investigación. “Reclamamos un compromiso explícito respecto al IVIA y al resto de institutos de investigación”, ha dicho Aguilella, para que cumplan su función: una investigación aplicada, orientada a dar respuesta a los problemas reales. “Si hay que cambiar la ley, se cambia. El objetivo de la investigación ha de ser resolver problemas, no el proyecto o el “paper”. Una revisión que, a su juicio, debe hacerse sin parches ni ideas preconcebidas y en la que participe el sector privado, “porque, cuando necesitamos ser más grandes y más rápidos, es absurdo crear compartimentos estancos”.

De ahí se deriva una petición concreta a los responsables políticos presentes: que el mérito de los ingenieros que se dedican a la investigación aplicada no se evalúe igual que el del resto, porque tiene objetivos diferentes. “La investigación en ingeniería tiene una finalidad aplicada y el marco actual del ‘publica o muere’ lleva a que, en ocasiones, resolver un problema real valga menos en la carrera de un investigador que un artículo que nadie va a leer. Objetivos distintos han de tener criterios distintos. Resolver problemas ha de contar. Para un ingeniero, debería ser lo que más”.

Conocimiento y cultura del esfuerzo

La tercera consecuencia, según el decano, es la necesidad de profesionales capaces de desenvolverse en un entorno volátil, veloz y cambiante. “Ahora el conocimiento de base importa más que nunca: cuanto más potentes son las herramientas, más importa saber lo que uno tiene entre manos. La herramienta no tiene criterio; el criterio lo pone la persona, y se construye con conocimiento y esfuerzo”. Sin excelencia y sin cultura del esfuerzo en quienes han de resolver los problemas técnicos y económicos de la sociedad, ha advertido, “vamos a perdernos”.

“Sin ser diferentes no se crea; solo se copia”

Aguilella ha cerrado sus reivindicaciones con una preocupación de fondo: “Anticiparse no sirve de nada si no tenemos igual de claro qué queremos conservar de lo que somos. Nuestra esencia”. Europa, ha recordado, ha sido durante prácticamente toda la historia “el centro de la innovación”, y dentro de ella el Mediterráneo, origen también de una forma de vivir. “Las dos cosas, la capacidad de crear y la manera de vivir, no están separadas. Nacieron juntas y se han sostenido la una a la otra”.

Esa forma de vivir –ha afirmado en referencia al sector vitivinícola, premiado en esta edición– “siempre ha estado regada con vino”, y el vino es “mucho más que un alimento: es nuestra cultura, nuestra forma de compartir y de entender el territorio”. Por eso, ha advertido el decano, que su consumo se esté desplomando “no es buena señal. Si cambiamos nuestra forma de vivir, cambiaremos nuestra forma de ser. Y si cambiamos nuestra forma de ser, perderemos lo que nos hacía diferentes. Y sin ser diferentes no se crea; solo se copia”.

Al acto han asistido el delegado del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Rogelio Llanes; el conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca, Miguel Barrachina; el comisionado de la Generalitat para la Recuperación, Raúl Mérida; los directores generales del Agua y Desarrollo Rural, Lourdes Pérez Berná, de Industria y Cadena Agroalimentaria, Ernesto Fernández, y de Política Agraria Común, Ángel Marhuenda, así como representantes de los principales grupos parlamentarios. Les han acompañado representantes de instituciones públicas, universidades, centros e institutos de investigación, empresas y organizaciones de los sectores agrario, alimentario, ambiental y del resto de ámbitos a los que los ingenieros agrónomos prestan sus servicios profesionales.

PREMIADOS

Premio Referente Profesional: Olallo Villoldo. Ingeniero agrónomo por la UPV, empezó a ejercer “en la mesa camilla de su casa” y en 1997 convirtió su despacho en empresa e incorporó al accionariado a sus primeros directivos. Hoy preside Grupotec, la mayor ingeniería de la Comunitat Valenciana, con más de 750 personas, proyectos cuatro continentes y una proverbial capacidad de adelantarse a los cambios. El decano ha recordado que, para el propio Villoldo, la ingeniería “no iba de hacer integrales dobles, sino de personas”. Con ese principio humanista ha logrado de rodearse de un equipo de personas excelentes y crear una organización eficaz.

Premio Innovación: Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA). Premiado por su programa de control biológico preventivo frente al HLB, la enfermedad más destructiva de los cítricos, cuyo vector, el psílido Diaphorina citri, está en la UE desde 2023. La Unidad de Entomología, en lugar de esperar a que llegue, Alberto Urbaneja y su equipo han ido al foco del problema con el summum de la previsión: una alteración controlada y dirigida de nuestro ecosistema citrícola para protegerse así mismo; un escudo a partir de enemigos naturales, probado antes de necesitarlo. Para Aguilella, “es la diferencia entre tener la respuesta preparada o buscarla cuando ya sea tarde”.

Premio Compromiso: sector vitivinícola de la Comunitat Valenciana y de las Illes Balears. El COIAL ha distinguido de forma conjunta a sus DO e IGP, en uno de los momentos más difíciles para el sector por la caída del consumo. El premio reconoce lo construido a lo largo de generaciones y el empeño en sostener una actividad pegada al territorio cuando los resultados no acompañan. “Donde hay viñedo, el pueblo resiste”, ha señalado el decano, que ha presentado el galardón como una declaración: “Los ingenieros agrónomos estamos al lado de quienes cultivan, elaboran y sostienen este sector, desde la viña hasta la bodega y el mercado”.

Premios a los mejores trabajos fin de máster. Jaume Miquel Nadal (UIB) ha sido premiado por el proyecto de una quesería en Felanitx que permite a una explotación familiar de vacuno lechero transformar su propia leche, y Adelino Font Lorca (UMH), por calcular el coste y el margen de cada calibre de cereza en una explotación familiar del Alto Vinalopó. “Dos explotaciones reales, dos problemas reales, dos respuestas: crear valor y gestionar mejor el valor creado”, ha resumido Aguilella. El Premio al Talento Joven ha quedado desierto, una decisión que, según el decano, “no es un reproche: es la medida de lo que entendemos exigible para este reconocimiento”.