Una campaña irregular para la Comunitat Valenciana

Las organizaciones coinciden en que la temporada ha estado marcada por la meteorología y por un inicio condicionado por el solapamiento de países terceros

El aforo oficial ya advertía de una campaña 25-26 afectada por temperaturas elevadas, lluvias en momentos sensibles de floración y cuajado y episodios de granizo, con efectos directos en el cuajado, la pérdida fisiológica y en el volumen. / Archivo

Alba Campos – Nerea Rodriguez. Redacción. 

La campaña citrícola en la Comunitat Valenciana hasta el momento se caracteriza por un balance irregular. Está evolucionando en un contexto especialmente complejo, marcado por una combinación de factores agronómicos, climáticos y comerciales que han condicionado tanto el desarrollo productivo como la rentabilidad final. A una cosecha inicialmente más corta se han sumado lluvias persistentes, episodios de pedrisco y viento, problemas de calidad, presión creciente de plagas y un escenario comercial tensionado por el incremento de importaciones de terceros países. El resultado: una campaña irregular, con comportamientos desiguales según zonas y variedades, y con preocupación por la falta de rentabilidad de los agricultores.

VALENCIA

La provincia de Valencia ha sufrido lluvias persistentes y el consiguiente retraso en la recolección, con tensiones en la salida comercial en momentos clave e incidencia en las calidades por exceso de humedad. “Esto tiene un impacto directo en costes, con más entradas fallidas al campo, más mermas y más destrío”, explica el secretario general de La Unió Llauradora, Carles Peris.

La campaña, según explica Peris, no se está hundiendo por falta de producto, sino que “se está complicando por un cóctel de factores que no dependen del agricultor, mientras el productor sigue asumiendo el papel de colchón del sistema sin que el valor llegue de forma justa al campo”.

Desde AVA-Asaja, su presidente, Cristóbal Aguado, coincide en que el balance hasta el momento no puede calificarse de positivo y afirma que “la campaña está siendo negativa para buena parte de los citricultores valencianos debido a los elevados costes de producción, las mermas de cosecha y, además, los retrasos cometidos por algunos comercios en la recolección de la fruta que ha acabado perdiendo su valor comercial tras las persistentes lluvias y rachas de viento. Es cierto que los precios en origen han sido razonables en algunas variedades, pero el balance general no es para nada satisfactorio”.

El aforo oficial ya advertía de una campaña 2025/26 afectada por temperaturas elevadas, lluvias en momentos sensibles de floración y cuajado y episodios de granizo, con efectos directos en el cuajado, la pérdida fisiológica y, finalmente, en el volumen.

A ello, según Peris, se han añadido este año con claridad los daños producidos por el viento, “que en determinadas zonas han provocado caída de fruta, rameado y pérdidas de calidad, complicando todavía más una campaña ya tensionada por la meteorología”. Aguado detalla que las adversidades climáticas han sido constantes a lo largo de la temporada, con más de diez temporales de pedrisco en primavera y verano en diferentes comarcas citrícolas de Valencia y Castellón, con especial incidencia la piedra del 12 de julio en el Camp de Morvedre y La Plana Baixa, donde predomina la Clemenules. Las lluvias de diciembre provocaron la caída de fruta que no se había recolectado previamente por retrasos comerciales, y el viento en este inicio de 2026 ha continuado causando daños por rameado, caída de fruta y afecciones en ramas, injertos, plantones e infraestructuras agrarias. Según las estimaciones de AVA-Asaja, “las últimas pérdidas derivadas del viento ascienden a 30 millones de euros”. 

Desde el punto de vista económico, Peris subraya que hay un impacto que a menudo se infravalora: “las inclemencias no sólo reducen cosecha o dificultan la recolección, sino que generan destríos importantes y obligan a destinar parte de la fruta a industria, con la consiguiente pérdida de valor para el productor”. 

Aguado coincide y afirma que “aunque en algunas variedades los precios han estado por encima del año anterior, el dinero que ha acabado al final en los bolsillos de los productores es menor. Porque los costes de producción no dejan de subir, porque las cosechas han sufrido importantes mermas y porque mucha fruta no ha podido llegar al mercado en fresco, sino que ha tenido que destinarse a zumo. Si los precios parecen altos, pero los ingresos bajan, las cuentas no salen”.

Por otro lado, en sanidad vegetal, la presión sigue siendo alta. Peris advierte de un incremento de plagas y de la dificultad para encontrar productos fitosanitarios adecuados, lo que encarece el control, reduce la eficacia y obliga a más intervenciones.

Aguado va más allá y vincula directamente el problema con la normativa comunitaria. Afirma que “las plagas han vuelto a causar muchos daños en la cosecha por culpa de la normativa europea que prohíbe el uso de soluciones eficaces a los citricultores europeos pero que, en cambio, muchas de ellas sí las consiente para las importaciones que vienen a Europa”. Señala especialmente el cotonet de Sudáfrica, la araña roja, la araña asiática, las moscas blancas y la alternaria.

En cuanto al trips sudafricano (Scirtothrips aurantii), desde La Unió se insiste en que “no es una anécdota” y es un problema que exige vigilancia continua. Aguado matiza que su incidencia ha sido menor de la esperada dadas las condiciones climáticas, pero lo considera “una amenaza muy preocupante”.

En cuanto a competencia exterior, según explican las organizaciones, el inicio de campaña estuvo condicionado por el solapamiento con Sudáfrica en mandarinas y naranjas, cuya presencia en los lineales europeos se prolongó hasta noviembre.

Aguado afirma que “las importaciones de cítricos a la Unión Europea aumentaron en 2025 un 4,5%, empujadas por las importaciones de mandarinas de Sudáfrica que se dispararon un 22%”. Recuerda que, desde la firma del tratado con Sudáfrica hace diez años, la Comunitat Valenciana ha perdido el 40% de la producción de mandarinas tempranas mientras ese país ha triplicado sus envíos.

Además, en esta segunda mitad de campaña, la atención se centra en la naranja egipcia. La red de alerta rápida para alimentos y piensos (RASFF) detectó lotes con residuos que superaban el límite máximo permitido y materias activas prohibidas en la UE. Por ello, AVA-Asaja instó a operadores y distribución a priorizar las naranjas europeas, que cumplen los estándares comunitarios.

Peris insiste en la necesidad de cláusulas espejo, controles efectivos en frontera y medidas que eviten que el agricultor valenciano pague la factura del comercio global.

Sin embargo, desde La Unió explican que hay mucha calidad en los frutos, calibres aceptables y muy buenas coloraciones, “lo que hace que la fruta valenciana sea apreciada cuando llega en condiciones al mercado”, afirma el secretario general. Aguado, por su lado, coincide en que “los cítricos valencianos están cubriendo perfectamente las necesidades de calibre y calidad de los mercados europeos”. 

Aunque advierten de que no es oro todo lo que reluce. “La meteorología adversa y la presión de plagas están comprometiendo de forma recurrente una parte significativa de la cosecha”, explica Peris. En términos prácticos, en torno al 20% de la producción, según zonas, variedades y momentos, “puede acabar no siendo apta para los mercados más exigentes en fresco y se deriva a industria o se convierte en destríos, con la pérdida de valor correspondiente para el agricultor”.

Esto es clave porque “no hablamos solo de calidad media, hablamos de rentabilidad real”, explica Peris. Cuando una parte relevante se devalúa por clima o plagas, “el agricultor sufre por partida doble, recibe menos por kilo y además soporta más costes de producción y de gestión de destríos. Por eso insistimos en que el valor debe trasladarse al origen y en que hacen falta políticas útiles de sanidad vegetal, de seguros y de mercado”, expone el secretario general. 

Por otro lado, al inicio de la campaña también preocupó el solapamiento con Sudáfrica, tanto en mandarinas como en naranjas, que ha permanecido en los lineales europeos más tiempo del esperado, “llegando a alargar su presencia hasta noviembre, lo que frena y encarece el inicio de campaña español, sobre todo en variedades tempranas”, explica Peris.

Además, en pequeños cítricos la presión comercial no es solo cuánto entra, sino cómo y por dónde entra. “Hay análisis recientes que muestran un crecimiento fuerte de la presión de Marruecos y Sudáfrica en el segmento de mandarinas y clementinas, precisamente el más sensible para la Comunitat Valenciana”, explica Carles Peris. En este sentido, afirma que “no se puede competir con terceros países si se les permite producir y exportar con reglas distintas, fitosanitarias, laborales y ambientales, mientras al productor europeo se le exige más y se le da menos margen”. Por tanto, expone, “necesitamos cláusulas espejo, controles en frontera efectivos y medidas que eviten que el agricultor valenciano pague la factura del comercio global”. Además, si hay plagas de cuarentena y riesgo fitosanitario, “no basta con declararlo, hay que actuar con prevención real”, explica Peris.

¿Y cuáles son las previsiones para lo que queda de campaña? De cara al tramo final, ambas organizaciones coinciden en que la clave estará en el equilibrio entre oferta y demanda. Aguado señala que, por el momento, las naranjas egipcias no han provocado un impacto determinante como en campañas anteriores y que la reducción de oferta por causas climáticas podría favorecer cierta estabilidad.

Desde La Unió “esperamos o deseamos una segunda parte más fluida si el tiempo permite trabajar con normalidad y si el mercado deja de estar condicionado por interferencias externas, en este caso Egipto”, afirma Peris. Tras los parones por lluvia y el cuello de botella de Navidad, “el mercado puede tender a ajustarse y eso debería ayudar a un mejor ritmo de salida, con precios estables si la demanda acompaña”, añade el secretario general.

Varietalmente, el aforo apunta movimientos relevantes, porque para naranjas se prevén descensos importantes en algunas navel tardías y un mejor comportamiento relativo en blancas tardías, “lo que puede influir en el calendario de oferta en la segunda mitad”, explica Carles Peris. Sin embargo, si vuelve la inestabilidad meteorológica, “regresan problemas de recolección, calidad y conservación”. Y si se repite la presión de importaciones en momentos sensibles o se utilizan las entradas para tirar el mercado, “se puede estropear el tramo final aunque haya menos cosecha”.

La segunda mitad debe servir para algo fundamental, explican desde La Unió “y es que el agricultor cobre precios dignos y rentables, porque los costes de producir cítricos en la Comunitat Valenciana, mano de obra, agua y energía, fitosanitarios y pérdidas por clima y plagas, son cada vez más altos”. Además, Peris añade que “si con una campaña corta y con el esfuerzo del productor el valor no llega al campo, el problema no es la producción, es el mercado y la política comercial que no protege a su agricultura”.

CASTELLÓN

Tal como recuerda Carles Peris desde La Unió, Castellón es la provincia donde la mandarina actúa como motor económico y donde la Clemenules marca el pulso del sector. En esta campaña 2025/2026 “ha vivido una primera parte condicionada por la dificultad de encajar calendario, calidad y ritmo de corte, en un contexto de competencia exterior creciente en pequeños cítricos”. Para el agricultor, “cada semana de retraso o de incertidumbre se traduce en pérdida de poder negociador y mayor riesgo de depreciación”, apunta el secretario general de La Unió.

Por su parte, el responsable de AVA-Asaja Castellón, José Vicente Guinot, asegura que no se puede hacer un balance positivo de la primera parte de campaña. “Los productores castellonenses de naranjas y mandarinas han obtenido menos beneficios que otros años e, incluso, muchos directamente han perdido dinero después de todo un año de sacrificio”.

La campaña se torció pronto. Los temporales de pedrisco afectaron a muchas zonas, pero la piedra que cayó el 12 de julio fue especialmente devastadora para miles de hectáreas de la comarca de La Plana Baixa. Para numerosos agricultores, ahí terminó la campaña; otros tuvieron que afrontar descensos de cosecha muy graves. Tampoco ayudaron las plagas, especialmente los ácaros, los trips y el cotonet.

Con una producción mermada tanto en Castellón como en el conjunto de España, “las compras empezaron rápidamente a buenos precios”, pero con el paso de los meses “la demanda fue ralentizándose y la rentabilidad no fue la esperada en todas las variedades”.

A juicio de Guinot, “la menor producción ha sido clave para no obtener suficientes ingresos”. Además del pedrisco, hubo citricultores que sufrieron graves daños por las lluvias persistentes en diciembre, especialmente en aquellas variedades que ya se encontraban en un estado avanzado de maduración y cuya recolección se había retrasado por incumplimientos de algunos comercios. “Este problema fue muy acusado en la provincia por la mayor presencia de la variedad Clemenules, ya que las lluvias condicionaron la recogida y provocaron el ‘pixat’ de las Clemenules que todavía no se habían recolectado”. A ello se sumaron las plagas, que además de reducir la producción encarecieron los costes, y las importaciones de Sudáfrica, que “frenaron la demanda en los primeros meses de la campaña”.

De cara a la segunda parte, las perspectivas eran “buenas”. Las variedades híbridas de mandarinas registraban “precios razonables”, como Nadorcott, Tango y Orri, mientras que las naranjas tardías mantenían “una ajustada rentabilidad”, a la espera de comprobar el efecto de la entrada de las naranjas de Egipto. Sin embargo, a lo largo de enero y febrero “hemos sufrido un tren de borrascas que nos ha quitado algo más que el sueño”.  Las fuertes rachas de viento se cebaron con la provincia de Castellón, especialmente en el litoral norte, donde muchos campos dieron por concluida la temporada al tumbar el viento prácticamente toda la cosecha que quedaba en los árboles. En otras parcelas, más del 50% de la fruta presentó daños por ‘rameado’ e incluso caídas al suelo, además de los perjuicios en injertos, plantones e infraestructuras agrarias.

Así las cosas, al cierre de esta edición, José Vicente Guinot concluye que están “muy pendientes de la evolución de los daños por viento para evaluar el final de campaña”.

Acceso a la noticia en la página 4-6 del dossier de Cítricos en el ejemplar de Valencia Fruits.