“Bioestimulantes en ecológico: claves para una agricultura rentable, resiliente y alineada con Europa”, por Elena Artalejo

La Directora de marketing de AEFA, Elena Artalejo, habla sobre la importancia de los bioestimulantes en materia de agricultura ecológica

La reducción en el uso de los insumos agrícolas, la presión del cambio climático y la necesidad de mantener la rentabilidad económica obligan al sector a buscar soluciones y estrategias innovadoras. / Archivo

Elena Artalejo (*)

La agricultura ecológica ha dejado de ser una alternativa de nicho para convertirse en uno de los pilares estratégicos del modelo agroalimentario europeo actual. En Europa, la creciente preocupación por la salud humana y medioambiental, así como por la calidad y sostenibilidad de los alimentos, ha impulsado un cambio profundo en la forma de producir, comercializar y consumir. Sin embargo, este cambio no está exento de desafíos: la reducción en el uso de los insumos agrícolas, la presión del cambio climático y la necesidad de mantener la rentabilidad económica obligan a los agricultores a buscar soluciones y estrategias innovadoras. Entre ellas, los bioestimulantes se han consolidado como una herramienta imprescindible para garantizar que la producción ecológica sea viable, competitiva y sostenible.

Nuevas herramientas

La agricultura ecológica se basa en principios sólidos: respeto por los ciclos productivos naturales, reducción del uso de sustancias químicas de síntesis, protección de la biodiversidad y mejora de la fertilidad del suelo agrícola. Pero estos principios, aunque necesarios, no siempre son fáciles de aplicar en un entorno productivo real en campo. Las limitaciones en la disponibilidad de nutrientes en el suelo agrícola, la menor eficacia de algunos insumos permitidos y la creciente variabilidad climática pueden comprometer los rendimientos y la calidad de los cultivos.

Los bioestimulantes se han consolidado como una herramienta imprescindible para garantizar que la producción ecológica sea viable, competitiva y sostenible

El papel de los bioestimulantes 

La agricultura ecológica se enfrenta a un reto estructural: la limitada disponibilidad de materias primas para formular fertilizantes aptos para su uso en producción. Muchos de ellos presentan baja solubilidad, se aplican únicamente en forma sólida y no siempre permiten alcanzar los niveles de rendimiento y calidad que exige el mercado. Esto coloca al agricultor ecológico en una situación compleja, especialmente en cultivos hortícolas, donde la demanda metabólica es elevada y la calidad del fruto es determinante para su comercialización.

Los productos bioestimulantes aptos para agricultura ecológica permiten que la producción ecológica sea no sólo ambientalmente sostenible, sino también económicamente viable

Aquí es donde los bioestimulantes se vuelven imprescindibles. Su capacidad para mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes y potenciar el desarrollo radicular compensa, en parte, las limitaciones de los fertilizantes autorizados. Además, los productos bioestimulantes:

• Mejoran la estructura y aireación del suelo agrícola, favoreciendo la retención hídrica y la actividad microbiana.

• Aumentan la resiliencia del cultivo, especialmente en momentos críticos como el trasplante, la floración o el cuajado, o en determinadas situaciones de estrés vegetal.

• Incrementan la calidad del fruto, desde el calibre hasta el contenido en vitaminas, azúcares, polifenoles o clorofila.

• Reducen la dependencia de insumos externos, alineándose con los principios de la economía circular.

En definitiva, los productos bioestimulantes aptos para agricultura ecológica permiten que la producción ecológica sea no solo ambientalmente sostenible, sino también económicamente viable, consiguiendo estabilizar la producción, reducir riesgos y mejorar la competitividad productiva.

Bioestimulantes ecológicos

El Reglamento (UE) 2019/1009 define los bioestimulantes como sustancias o microorganismos capaces de estimular los procesos de nutrición vegetal con el fin de mejorar características agronómicas concretas. No se clasifican por su composición, sino por sus efectos: mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes, aumentar la tolerancia al estrés abiótico, optimizar parámetros de calidad o facilitar la disponibilidad de nutrientes inmovilizados en el suelo.

Esta definición resulta bastante clara en su concepto. Los bioestimulantes no sustituyen a los fertilizantes, sino que actúan sobre ciertos procesos fisiológicos y metabólicos vegetales, potenciando la capacidad natural de los cultivos. En un escenario de cambio climático, el papel de los productos bioestimulantes es especialmente relevante, ya que ayudan a las plantas en momentos críticos de estrés (sequías, olas de calor, salinidad o radiación excesiva), condiciones que cada vez son más frecuentes en las zonas hortícolas mediterráneas.

Afortunadamente, el mercado actual ofrece una amplia gama de productos —ácidos húmicos, extractos de algas, aminoácidos, microorganismos beneficiosos y compuestos orgánicos naturales—, muchos de ellos aptos tanto para uso en agricultura ecológica como convencional, que permiten adaptar la estrategia de bioestimulación a cada cultivo y momento fenológico.

En este punto, es importante aclarar que no todos los bioestimulantes pueden considerarse aptos para su uso en ecológico. Aunque muchos se elaboran a partir de materias primas naturales, solo aquellos que cumplen con los requisitos específicos de la normativa de producción ecológica pueden considerarse como tales. En concreto, la legislación europea —Reglamento de Ejecución (UE) 2021/1165— establece qué sustancias están autorizadas para la formulación de fertilizantes aptos para producción ecológica y bajo qué condiciones.

En España, de hecho, existen unas normas UNE específicas (UNE 142500) que regulan de forma voluntaria las condiciones de fabricación y el etiquetado de fertilizantes destinados a la producción ecológica, lo que añade un nivel adicional de garantía para quienes buscan productos certificados.

Limitaciones y desafíos 

Uno de los principales obstáculos para el desarrollo de bioestimulantes aptos para agricultura ecológica reside en la rigidez normativa que regula los insumos permitidos. El Reglamento (UE) 2021/1165, que establece las sustancias autorizadas para su uso en producción ecológica, no solo limita los componentes principales de fertilizantes y bioestimulantes, sino también elementos clave para la formulación moderna, como son:

• Coformulantes

• Aditivos tecnológicos

• Agentes de formulación (hu-
mectantes, estabilizantes, conservantes)

Esta normativa responde a una lógica más tradicional de insumos agrícolas y no contempla adecuadamente las necesidades técnicas de los bioestimulantes actuales. El resultado es una paradoja regulatoria: se exige que los productos sean eficaces, estables y homogéneos, pero se restringen las herramientas necesarias para lograrlo.

Para superar esta limitación, es urgente una actualización eficiente y práctica del anexo de sustancias autorizadas, basada en criterios técnicos y científicos. De hecho, sería necesario que dicho listado:

• Se revise periódicamente.

• Incorpore nuevas materias primas evaluadas.

• Se adapte a los avances tecnológicos del sector.

De lo contrario, existe el riesgo de que la producción ecológica quede anclada en soluciones del pasado, limitando su capacidad de competir y evolucionar.

Exigencia normativa 

Otro reto importante para los fabricantes de bioestimulantes ecológicos es la doble exigencia normativa. Estos productos deben cumplir simultáneamente con:

• La legislación europea de fertilizantes (Reglamento UE 2019/1009).

• Los requisitos específicos de la producción ecológica (Reglamentos UE 2018/848 y 2021/1165).

Además, la aplicación de estas normativas no siempre es homogénea entre los Estados miembros. En la práctica, un bioestimulante certificado como ecológico en un país puede no ser reconocido en otro, lo que obliga a repetir procesos de certificación, adaptar formulaciones y asumir costes adicionales por parte de la empresa fabricante. Esta falta de armonización entre esquemas nacionales y privados dificulta la libre comercialización dentro del mercado europeo y ralentiza la llegada de la innovación al agricultor.

Innovación y conocimiento

El potencial de los productos bioestimulantes es enorme, pero su eficacia agrícola depende, en gran medida, de un uso correcto. No basta con aplicarlos; es necesario saber cuándo, cómo y por qué utilizarlos. Cada cultivo, cada suelo y cada momento fenológico requieren una estrategia específica.

Por eso, la transferencia de conocimiento es fundamental. La investigación agronómica, los ensayos de campo, la formación técnica y el asesoramiento especializado son elementos esenciales para que los agricultores puedan sacar el máximo partido a estas herramientas. La agricultura ecológica, más que ningún otro sistema, necesita conocimiento y acompañamiento técnico para ser realmente eficiente.

Desde AEFA se insiste en la importancia de la transferencia de conocimiento: ensayos de campo, colaboración con universidades y centros de investigación, publicaciones técnicas, jornadas divulgativas y, sobre todo, el asesoramiento directo de ingenieros agrónomos.

Los agricultores que ya han incorporado bioestimulantes en sus estrategias de cultivo han podido comprobar su eficacia ante episodios de estrés vegetal de origen variado. Son ellos mismos quienes, a través del intercambio de experiencias, están impulsando su adopción. Pero para que su uso sea realmente efectivo, es imprescindible aplicarlos en el momento adecuado, en el cultivo adecuado y en la dosis adecuada. La bioestimulación no es una receta universal: es una herramienta técnica que requiere criterio profesional.

Más insumos para una demanda creciente

La necesidad de insumos ecológicos eficaces no es solo técnica, sino estratégica. La producción ecológica solo podrá alcanzar los objetivos marcados por Europa si se convierte en una alternativa real y rentable para el agricultor. Los bioestimulantes son una pieza fundamental de este desarrollo, ya que mejoran la eficiencia, aumentan la resiliencia, potencian la calidad y contribuyen a la sostenibilidad del sistema agrario. De hecho, actualmente se consolidan, sin duda alguna, como una herramienta clave para mantener la productividad, mejorar la calidad de los frutos y garantizar la viabilidad económica de los cultivos ecológicos.

La innovación y la transferencia de conocimiento en este campo resultan imprescindibles para garantizar su implementación y adopción eficiente. Al mismo tiempo, es necesario que la normativa evolucione al ritmo de la innovación.

(*) Directora de marketing de AEFA

Acceso al artículo en las páginas 6-7 del dossier de Agricultura Ecológica en el ejemplar de Valencia Fruits.

Acceso íntegro al último ejemplar de Valencia Fruits.