La normativa facilitará la obtención de variedades adaptadas al cambio climático

Las nuevas técnicas genómicas adaptan las semillas de una manera que puede suceder en la naturaleza o mediante técnicas convencionales de cultivo. / ARCHIVO
Valencia Fruits. Redacción.
El Parlamento Europeo aprobó este miércoles la propuesta legislativa que regulará las Nuevas Técnicas Genómicas en plantas (NTG), una iniciativa con la que la Unión Europea pretende impulsar la innovación en mejora vegetal y facilitar el desarrollo de cultivos más resistentes a plagas, enfermedades y condiciones climáticas adversas como la sequía o las altas temperaturas.
La Eurocámara considera que el nuevo marco normativo contribuirá además a reducir la dependencia de las importaciones agrícolas y a reforzar la competitividad del sector agrario europeo
Tras la votación, la eurodiputada del Partido Popular Europeo Jessica Polfjard, ponente de la propuesta en el Parlamento, calificó la aprobación como una “victoria histórica para los agricultores europeos y para el futuro de Europa”. Según destacó, los productores llevan años reclamando acceso a estas herramientas de mejora genética para obtener cultivos con mayor capacidad de resistencia y menor dependencia de los productos fitosanitarios.
La nueva legislación entrará en vigor veinte días después de su publicación en el Diario Oficial de la Unión Europea y comenzará a aplicarse dos años más tarde.
Diferencias respecto a los organismos modificados genéticamente
A diferencia de los organismos genéticamente modificados (OGM), que incorporan material genético procedente de otras especies, las Nuevas Técnicas Genómicas actúan sobre el propio genoma de la planta o incorporan material genético equivalente, sin introducir genes externos.
El reglamento establece dos categorías diferenciadas. La primera, denominada NTG-1, incluye aquellas plantas consideradas equivalentes a las variedades obtenidas mediante métodos convencionales de mejora vegetal. En estos casos, las autoridades nacionales deberán verificar su condición, pero una vez reconocidas no estarán sujetas a controles adicionales ni a requisitos específicos de etiquetado para su descendencia.
A petición del Parlamento Europeo, las plantas modificadas para tolerar herbicidas o producir sustancias insecticidas quedarán excluidas de esta categoría.
La segunda categoría, NTG-2, engloba aquellas plantas con modificaciones genéticas más complejas. Estas seguirán sometidas a la normativa comunitaria vigente sobre organismos modificados genéticamente, incluyendo los procedimientos de autorización, trazabilidad y etiquetado obligatorio.
Actualmente ya existen fuera de la Unión Europea diversos productos desarrollados mediante estas técnicas que se encuentran comercializados o en fases avanzadas de desarrollo, como trigo con menor contenido en gluten, patatas resistentes a determinados patógenos o maíz con tolerancia a la sequía.
Patentes, producción ecológica y coexistencia
La normativa contempla la posibilidad de patentar las plantas obtenidas mediante NTG, aunque incorpora mecanismos destinados a garantizar su accesibilidad y un acceso equitativo para los agricultores. Estas disposiciones serán aplicables tanto a las variedades desarrolladas en la Unión Europea como a las importadas desde terceros países.
Asimismo, los Estados miembros podrán decidir no autorizar el cultivo de plantas incluidas en la categoría NTG-2 en su territorio y establecer medidas de coexistencia destinadas a evitar su presencia accidental en otras producciones.
El reglamento también establece que las plantas obtenidas mediante Nuevas Técnicas Genómicas no podrán utilizarse en la producción ecológica.
Críticas desde organizaciones agrarias
La aprobación de la propuesta ha generado también reacciones críticas. Coincidiendo con el debate y la votación celebrados en Estrasburgo, representantes del movimiento Vía Campesina protagonizaron una protesta para expresar su rechazo al texto.
La organización considera que la futura normativa supone una desregulación de estas tecnologías y advierte de que podría reducir las exigencias en materia de evaluación de riesgos, trazabilidad, responsabilidad y protección frente a posibles contaminaciones, además de limitar el etiquetado destinado a los consumidores.
El acuerdo aprobado por el Parlamento constituye un nuevo paso en la implantación de un marco regulatorio que busca adaptar la legislación europea a los avances científicos en mejora vegetal, un ámbito que continúa generando posiciones enfrentadas entre los distintos actores del sector agrario y alimentario.





