El aguacate en suelos salinos

Juan Gabriel Pérez y Elena Zuriaga, Investigadores del IVIA y Ander Aguado, doctorando en el programa de contratos de Marisa Badenes del IVIA, hablan sobre cómo afecta la sal al cultivo del aguacate 

Plantas sometidas a condiciones de estrés salino para analizar la respuesta de las poblaciones segregantes de aguacate. / IVIA

Varios autores(*)

La salinización de los suelos agrícolas, provocada por la acumulación de sales como el cloruro de sodio, se ha convertido en una problemática ambiental de alcance global que ocasiona importantes pérdidas económicas y productivas al reducir el rendimiento de los cultivos. Este fenómeno afecta a prácticamente todas las regiones climáticas y altitudes, lo que lo convierte en una limitación generalizada para la producción agrícola, agravada además por el uso de aguas de riego de baja calidad.

Desde el punto de vista fisiológico, la salinidad impacta en las plantas a través de tres tipos de estrés: osmótico, iónico y nutricional. El primero reduce la capacidad de las raíces para absorber agua debido a la presencia de sales disueltas; el segundo está relacionado con la acumulación de iones tóxicos, como sodio y cloruro, en los tejidos vegetales; y el tercero se produce por el desequilibrio de nutrientes, ya que el sodio interfiere con elementos esenciales como el potasio, calcio y magnesio, mientras que el cloruro afecta a la absorción de nitratos. Todo ello provoca alteraciones morfológicas, fisiológicas y bioquímicas que repercuten negativamente en el crecimiento y la productividad de los cultivos.

El aguacate (Persea americana Mill.) es especialmente sensible a la calidad del agua de riego. Los efectos de la salinidad en este cultivo están ampliamente documentados: la acumulación de sodio puede provocar la muerte de brotes y el deterioro del sistema radicular, mientras que el cloruro genera necrosis foliar, caída prematura de hojas y una reducción de la fotosíntesis, afectando directamente a la producción. Se considera que concentraciones superiores a 150 mg/L de cloruros ya generan problemas de toxicidad. Además, determinadas prácticas agronómicas, como el uso excesivo de fertilizantes, pueden agravar la salinidad del suelo y aumentar la concentración de cloruros —por ejemplo, cuando se emplea cloruro potásico (KCl)—, intensificando estos efectos. Ante esta situación, existe un creciente interés internacional en el desarrollo de portainjertos más tolerantes.

En los últimos años, la producción de aguacate en España ha experimentado un notable crecimiento, impulsado por la expansión de nuevas plantaciones, especialmente en la Comunidad Valenciana, Cádiz y Huelva. No obstante, garantizar la sostenibilidad de este cultivo pasa por hacer frente a problemas como la salinidad, especialmente si se tiene en cuenta que en la Comunidad Valenciana se estima que el 13% de la superficie presenta un alto riesgo de salinización. Esta tendencia, vinculada a procesos de desertificación en climas mediterráneos, se ha intensificado en los últimos años.

En este contexto, en el IVIA, investigadores del grupo de Mejora Genómica de Frutales, perteneciente a la Unidad de Hortofruticultura del Centro de Citricultura y Mejora Vegetal, así como de la Unidad de Agricultura Sostenible del Centro de Agrotecnologías Avanzadas, en colaboración con el Servicio de Tecnología del Riego, están abordando el estudio de la respuesta a la salinidad en poblaciones segregantes de aguacate. Para ello, se analizan plantas sometidas a diferentes condiciones de estrés salino, comparando su comportamiento tanto a nivel fisiológico como genómico.

El estudio se desarrolla bajo condiciones controladas, lo que permite identificar las plantas con mayor tolerancia y analizar cómo evoluciona su respuesta a lo largo del tiempo mediante distintos momentos de evaluación. El enfoque combina la evaluación del crecimiento y del funcionamiento fisiológico de la planta con el análisis genómico. Para ello, se toman muestras de hojas y raíces con el fin de estudiar qué genes se activan o se silencian en respuesta a la salinidad mediante técnicas de secuenciación masiva (RNAseq), obteniendo así una “fotografía” del funcionamiento interno de la planta en cada fase del experimento.

Gracias a este enfoque integral, es posible identificar si las plantas más tolerantes activan mecanismos específicos de defensa, como una mejor regulación de la entrada de iones tóxicos o una mayor capacidad de adaptación al déficit hídrico. Además, el seguimiento temporal permite comprender cómo evoluciona esta respuesta desde las fases iniciales hasta situaciones de estrés prolongado.

Comprender estos mecanismos resulta clave para avanzar en el desarrollo de estrategias más eficaces orientadas a la selección de portainjertos de aguacate más tolerantes a la salinidad, contribuyendo así a la sostenibilidad de

l cultivo en un contexto de condiciones cada vez más exigentes.

(*) Juan Gabriel Pérez y Elena Zuriaga, Investigadores del IVIA · Ander Aguado, doctorando en el programa de contratos de Marisa Badenes del IVIA.

Acceso al artículo en la página 17 del dossier de Aguacate en el ejemplar de Valencia Fruits. 

Acceso íntegro al último ejemplar de Valencia Fruits.