De cada 10 empresas hortofrutícolas, 8 esperan aumentar sus ventas en 2026

Según un estudio de AECOC, el sector hortofrutícola encara el ejercicio con moderado optimismo pese al aumento de costes, la incertidumbre geopolítica  y la presión normativa

Además de la vocación exportadora, el mercado nacional se está consolidando como “refugio y referencia” para las empresas del sector. / ARCHIVO

Raquel Fuertes. Redacción

El sector de frutas y hortalizas afronta 2026 con un arranque de año positivo y con expectativas de crecimiento, aunque condicionado por la incertidumbre geopolítica, el incremento de costes y la preocupación por el impacto de nuevas normativas. Así lo expusieron Bárbara Calvaresi, responsable del sector hortofrutícola de AECOC, y Enrique de los Ríos, presidente del Comité de Frutas y Hortalizas de la asociación y director general de Unica Group, durante la presentación del estudio anual que toma el pulso a las empresas del sector.

El informe, elaborado en mayo con la participación de empresas líderes como Anecoop, AMfresh o Bollo Natural Fruit o, así como con una representación del 60% de la gran distribución española, muestra que nueve de cada diez compañías incrementaron o mantuvieron sus ventas en valor en el primer trimestre de 2026. El 69,2% creció y el 23,1% se mantuvo estable. En volumen, seis de cada diez empresas aumentaron sus ventas y un 17,3% permaneció estable. Las perspectivas para el conjunto del sector son de optimismo moderado: el 42,3% de los directivos prevé crecimiento y el 48,1% anticipa estancamiento. Sin embargo, cuando se trata de la evolución de sus propias empresas, prácticamente todos esperan crecer o mantenerse tanto en valor como en volumen: el 66% confía en crecer en volumen y el 86% considera que logrará mantener o mejorar su rentabilidad.

Enrique de los Ríos subrayó que España sigue siendo un país eminentemente exportador, con una de cada tres empresas vendiendo más del 50% de su producción fuera del país. No obstante, el volumen exterior muestra signos de contención. Frente a ello, el mercado nacional se está consolidando como “refugio y referencia” para las empresas exportadoras. La Unión Europea y el Reino Unido seguirán siendo los principales motores del crecimiento exterior en 2026, al concentrar casi la mitad de las expectativas de expansión, mientras que el mercado nacional representa el 36% de las previsiones y el mercado americano gana peso frente a ejercicios anteriores, alcanzando el 16%. La distribución española —con Mercadona, Lidl, Aldi, Carrefour o las cadenas regionales— está absorbiendo parte del volumen que no crece en Europa y se ha convertido, según De los Ríos, en “un primer plato” para el sector productor.

El acuerdo con Mercosur es uno de los puntos que más inquietud genera. Dos tercios de las empresas consideran que impactará negativamente en la competitividad, no por cuestiones de calidad o seguridad alimentaria, sino por el riesgo de competencia desleal si no se aplican las mismas normas y costes. A ello se suma la presión derivada del conflicto en Oriente Medio, que está encareciendo energía, fertilizantes, envases, transporte y frío. La posible traslación de estos incrementos a la cesta de la compra preocupa especialmente al sector, que insiste en su esfuerzo por contener precios para proteger al consumidor. Ante esta situación, el 40% de las compañías está aplicando medidas de eficiencia para reducir gastos, mientras un 17% trabaja en la diversificación de proveedores.

Las empresas participantes plantearon tres líneas de acción que podría acometer el Gobierno para aliviar la situación: recuperar el IVA reducido para frutas y hortalizas, articular ayudas directas a los sectores afectados por la subida de costes y deflactar el IRPF para reforzar el poder adquisitivo de los hogares.

La carga regulatoria es otro de los elementos críticos. El sector denuncia que la trasposición de normas europeas no siempre es homogénea y que el Real Decreto de envases y residuos va “más allá” de lo aplicado en otros países, comprometiendo la competitividad del principal exportador hortofrutícola de Europa. Las empresas reclaman que se escuche al sector antes de legislar y que las normas se basen en criterios de ciencia y utilidad.

Retos y tendencias

El estudio identifica además las principales tendencias que marcarán la evolución del sector en los próximos años. La sostenibilidad será clave para el 73% de los directivos, pero ya no en términos abstractos. El sector avanza hacia métricas concretas como la huella hídrica, la huella de carbono o los informes no financieros. De los Ríos prevé que en dos años estos indicadores estarán plenamente estandarizados en Europa. La digitalización es otro eje estratégico: el 82,7% de las empresas aumentará su inversión en inteligencia artificial, robótica y sistemas de automatización para mejorar eficiencia y afrontar retos estructurales.

El relevo generacional se perfila como uno de los mayores riesgos. En cooperativas, la edad media ronda los 55 años y la mitad de los trabajadores se jubilará en una década. El sector confía en que la tecnología actúe como “balón de oxígeno”. El absentismo laboral, que alcanza picos del 15%, también preocupa por su impacto en la planificación y la competitividad.

La gestión del talento también aparece como una prioridad estratégica. Más de la mitad de las empresas identifica la captación y fidelización de profesionales como el principal desafío laboral, mientras que el absentismo, la falta de perfiles cualificados y la mejora de la productividad completan la lista de preocupaciones del sector

Los días 2 y 3 de junio, Valencia acogerá la 28ª edición del Congreso AECOC de Frutas y Hortalizas, que reunirá a más de 700 directivos y 300 empresas. El encuentro abordará los retos identificados en el estudio: sostenibilidad, talento, tendencias de consumo y competitividad.

En conjunto, el informe dibuja un sector que mantiene su capacidad de crecimiento y adaptación, aunque condicionado por un entorno económico y regulatorio cada vez más complejo. Las empresas afrontan 2026 con expectativas positivas, apoyadas en la internacionalización, la digitalización y la sostenibilidad, pero con la necesidad de seguir gestionando el impacto de la inflación, los costes y la incertidumbre geopolítica.