Joaquín Rubio (Limonar de Santomera): “La desalación debe ser una de las principales fuentes de agua para el Sureste”

Entrevista al Presidente de El Limonar de Santomera, Joaquín Rubio

Joaquín Rubio defiende la autosuficiencia de las cuencas. / ARCHIVO

Pilar Benito. Murcia.

Joaquín Rubio, presidente de la cooperativa El Limonar de Santomera desde hace tres años, pide sacar de la confrontación política este tema y defiende la autosuficiencia de las cuencas. También apuesta por la producción ecológica, por ser una agricultura “más sostenible, saludable y con más seguridad alimentaria”; y por hacer al sector más atractivo y bien remunerado para atraer mano de obra.

Valencia Fruits. ¿Cuáles han sido los principales hitos de la cooperativa en estos casi 45 años de vida y cuáles son sus principales retos a medio y largo plazo?

Joaquín Rubio. El crecimiento ha sido exponencial, continuado y fuerte. La cooperativa comenzó con once socios y ahora tiene 352 y unas 1.600 hectáreas de producción, de las cuales 700 han sido incorporadas en los tres últimos años. La superficie media de los asociados es de 5 hectáreas. Hemos evolucionado, desde mediados de los años 90, y apostado por tener menos socios pero con fincas de más tamaño. En este marco, seguimos ponderando ser dueños de la comercialización y garantizar la venta y el cobro de la fruta. Hacer al sector más profesional es algo obligado, porque está claro que quien se queda es el que mejor se defiende.

“En la cooperativa hemos apostado por tener menos socios pero con fincas de más tamaño. En este marco, seguimos ponderando ser dueños de la comercialización y garantizar la venta y el cobro de la fruta. Hacer al sector más profesional es algo obligado, porque está claro que quien se queda es el que mejor se defiende”

VF. ¿Qué camino debe tomar la cooperativa en este sentido?

JR. La osadía y valentía de la cooperativa ha sido la de apostar por el crecimiento y ‘pelear’ de tú a tú con los operadores, sin complejos. Ahora, nuestro horizonte es la consolidación de lo que hemos conseguido, no tensionar la estructura de la cooperativa y crecer poco a poco. En los últimos cuatro o cinco años hemos hecho importantes inversiones que nos han permitido pasar de dos naves de 12.000 metros cuadrados a tres, con más de 20.000 metros cuadrados de superficie de manipulado de fruta. 

“Ahora mismo de los 60 millones de kilos que producimos al año, aproximadamente, el 65% es de limón convencional y el 35% restante de ecológico. Pero en términos de facturación están al 50%. Por tanto, sigue interesando su producción, nos da alegrías y sus precios son más estables que los del convencional. Va a seguir siendo una de nuestras principales apuestas”

VF. ¿Qué cifras de negocio manejan?

JR. En los últimos tres años hemos pasado de ser una cooperativa con una producción global de entre 35 y 40 millones de kilos y una facturación de 42 millones de euros a una con 60 millones de kilos y 70 millones de euros de facturación en 2025. La expectativa es subir a 80 millones de euros este año.

VF. Una de las principales aportaciones de El Limonar ha sido la apuesta por la agricultura ecológica, lo que ustedes denominan el ‘bio’. 

JR. La apuesta por la producción ecológica en la cooperativa no ha sido forzada y ha ido de la mano de ese ‘obligado’ cambio estructural entre los socios con el cambio del modelo agrícola que se está produciendo. De hecho, hemos sido una de las primeras cooperativas en apostar por este modelo de producción. Podemos decir que actualmente la cooperativa está en el ‘top cinco’ del sector del limón en general y en el ‘bio’ somos uno de los operadores punteros en cuanto a volumen.

VF. ¿Pasa el limón ecológico por buen momento? 

JR. El Limonar fue una de las primeras empresas citrícolas en apostar por lo ecológico. Primero desde la convicción, porque creemos en lo que estamos haciendo y defendemos que la agricultura debe ser más sostenible, saludable y con más seguridad alimentaria. Tampoco debemos dejar de lado la rentabilidad económica. Además, esta apuesta nos diferencia de la competencia y nos da un valor añadido. En ‘bio’ estamos a la cabeza y lo hacemos bien.

VF. ¿Sigue interesando actualmente en los mercados? ¿Cree que se mantendrá la demanda en el futuro?

JR. Nuestros clientes creen en nosotros y en que lo hacemos bien. Por eso hemos conseguido crecer en la producción de limón ‘bio’ a un ritmo que la agricultura ecológica en general no ha logrado. Por ejemplo, a raíz de la guerra de Ucrania la facturación en este tipo de agricultura bajó, sobre todo en Alemania, pese a que está remontando (no sabemos si en cuanto a mayor número de unidades producidas o por el incremento en el precio). Nosotros crecemos tanto en unidades vendidas como en valor unitario de venta: más kilos y mejores precios. 

VF. ¿En cuánto cifra ese crecimiento?

JR. Ahora mismo de los 60 millones de kilos que producimos al año, aproximadamente, el 65% es de limón convencional y el 35% restante de ecológico. Pero en términos de facturación están al 50%. Por tanto, sigue interesando su producción, nos da alegrías y sus precios son más estables que los del convencional. Va a seguir siendo una de nuestras principales apuestas. De hecho, vamos a reformar, por fases, una nave de 8.500 metros cuadrados, que esperamos tener a pleno rendimiento en 2027 y con una capacidad de manipular 40 millones de kilos a medio plazo.

VF. Todo pasa por resolver uno de los principales hándicaps del sector agrícola de la Región: el del agua. ¿Se vislumbra una solución a corto o medio plazo? 

JR. Es el cuento de la marmota. Yo, como agricultor y con formación técnica, siempre he apostado por defender la autosuficiencia de la cuenca. El Trasvase Tajo-Segura provoca el desarrollo agrícola y que se generen unos derechos de actividad y valor añadido en nuestra zona. Y yo lo defiendo, pero no como si fuera un dogma o algo inamovible. Hemos pasado épocas muy duras de sequía donde no había agua en los pantanos de cabecera. Por eso es necesario avanzar en la autosuficiencia, porque como se dice habitualmente, el agua más cara es aquella que no se tiene. Y de ahí que la desalación deba, en mi opinión, ser uno de sus ejes centrales.

VF. Pero la desalación tampoco cuenta con muchos adeptos.

JR. Si pedimos responsabilidad fuera del sector también lo tenemos que hacer dentro. Algunas personas o detractores de la desalación siguen hablando del boro como un elemento perjudicial para las plantaciones, cuando, en realidad, es algo que tecnológicamente está superado porque hay membranas anti boro desde hace quince años.

VF. De todas formas, ¿no cree que este tema está demasiado politizado? 

JR. Sí, se ha politizado mucho y nos han enfrentado a las comunidades autónomas y la que gana es la que más peso político tiene. Y el Sureste no tiene el peso político que pueda tener ni Cataluña, ni Aragón ni Castilla-La Mancha, donde están las cuencas cedentes. Y esto es una realidad. Además, me siento frustrado cada vez que escucho distintos discursos según donde se pronuncian. Por ello, es necesario un acuerdo entre todos los partidos mayoritarios para garantizar los recursos, ya sea por la desalación, por la interconexión entre las cuencas donde sea factible, por buena depuración de aguas residuales, por el uso de aguas subterráneas, etc. Debe haber varias fuentes para garantizar el suministro de agua.

VF. ¿Cómo debe lograr el sector, la agricultura en general, salvar el problema de la mano de obra?

JR. El sector debe reflexionar sobre cómo abordarlo. Creo que, en la línea de Ailimpo, debemos ser un sector atractivo para que las personas quieran trabajar aquí, y me refiero tanto a la mano de obra no cualificada como a la más cualificada (manos intermedios o superiores). Nos tenemos que poner en el pellejo de los trabajadores y proporcionar condiciones materiales para que puedan vivir. Por supuesto, firmar convenios con apuestas sociales y buena remuneración; y que se cumplan, claro. Pero es un problema complicado de solucionar a corto o medio plazo.

VF. Tampoco ayuda la ‘mala prensa’ que tiene la agricultura en cuanto a salarios, a lo que se paga.

JR. Eso es cierto. La gente ha demonizado la agricultura como un sector en el que se paga poco, pero puedo asegurar que no es tan precario como otros. Por ejemplo, hasta que se subió el salario mínimo interprofesional había trabajadores en los centros comerciales que cobraban menos de lo que se pagaba en el campo. Y en trabajos de cualificación técnica hay empleados del sector agroalimentario que cobran más que los que hacen proyecto en oficina técnica.

Acceso a la entrevista en las páginas 16-17 del dossier de Limón en el ejemplar de Valencia Fruits.