Récord de exportaciones, mayor valor añadido, nuevos hábitos de consumo y una creciente presión sobre la rentabilidad dibujan el nuevo escenario hortícola

Portugal ha reforzado su presencia en categorías de elevado valor comercial, como las berries. / ARCHIVO
Nerea Rodríguez. Redacción.
Récord de exportaciones, una producción hortofrutícola próxima a los 5.000 millones de euros, nuevos mercados internacionales y consumidores cada vez más exigentes. El sector hortofrutícola portugués encara 2026 con indicadores que reflejan un momento de crecimiento, pero también de transformación. Más allá de las cifras, el país está adaptando su modelo productivo y comercial a un mercado donde la diferenciación, la sostenibilidad y el valor añadido pesan tanto como el volumen.
La internacionalización se ha convertido en el principal motor del crecimiento de la horticultura y fruticultura portuguesa. Lejos de responder a una coyuntura puntual, el buen comportamiento de las exportaciones refleja una estrategia sostenida durante los últimos años para reforzar la presencia de la oferta lusa en los mercados internacionales, diversificar destinos y aumentar el valor de sus productos.
Los últimos datos recopilados por Portugal Fresh, a partir de las estadísticas del Instituto Nacional de Estatística (INE), confirman esta evolución. En 2025, las exportaciones portuguesas de frutas, hortalizas y flores alcanzaron un nuevo máximo histórico de 2.600 millones de euros, un 5% más que el año anterior.
La Unión Europea continúa siendo el principal destino comercial, al concentrar el 83,6% del valor exportado. España se mantiene como el primer mercado, con el 39% de las ventas exteriores, seguida de Francia (13%), Países Bajos (9%), Alemania (8%) y Reino Unido (6%).
Detrás de estas cifras hay una oferta cada vez más especializada. Los pequeños frutos —con la frambuesa como principal exponente— lideran las exportaciones portuguesas, junto al tomate transformado, los cítricos, los frutos de cáscara, el tomate fresco y la pera. Se trata de productos en los que Portugal ha logrado consolidar una posición competitiva gracias a la combinación de calidad, especialización e inversión en los mercados exteriores.
En este proceso ha desempeñado un papel relevante Portugal Fresh, la asociación creada para impulsar la promoción internacional de las frutas, hortalizas y flores portuguesas.
La entidad ha intensificado en los últimos años su presencia en ferias internacionales y misiones comerciales con el objetivo de abrir nuevos mercados y reducir la dependencia del espacio comunitario.
Generar valor
El buen comportamiento de las exportaciones encuentra respaldo en la evolución de la producción agrícola portuguesa, que continúa ganando peso económico. Según las previsiones difundidas por AICEP (Agencia para la Inversión y Comercio Exterior de Portugal), el valor de la producción de frutas y hortalizas seguirá aumentando en 2026, contribuyendo a que la producción agrícola nacional se sitúe cerca de los 5.000 millones de euros. Más allá del crecimiento cuantitativo, esta evolución pone de manifiesto un cambio en la estrategia del sector, cada vez más orientada a incrementar el valor añadido de sus producciones.
La especialización ha desempeñado un papel determinante en esta búsqueda de valor. Portugal ha reforzado su presencia en categorías de elevado valor comercial, como los pequeños frutos, la pera Rocha, los cítricos o determinadas hortalizas destinadas tanto al consumo en fresco como a la industria transformadora. Esta apuesta ha permitido diferenciar la oferta portuguesa en un mercado europeo cada vez más competitivo.
Portugal ha reforzado su presencia en categorías de elevado valor comercial, como los pequeños frutos, la pera Rocha, los cítricos o determinadas hortalizas destinadas tanto al consumo en fresco como a la industria transformadora
En este contexto, el reto para el sector luso ya no consiste únicamente en producir más, sino en producir mejor. La rentabilidad depende cada vez más de factores como la innovación, la eficiencia en el uso de los recursos, la sostenibilidad o la capacidad para responder a consumidores que valoran aspectos como el origen, la trazabilidad y el impacto ambiental de los alimentos.
Un nuevo consumidor, una nueva oferta
Estas nuevas prioridades están condicionando las decisiones de toda la cadena de valor, desde la planificación de los cultivos hasta la comercialización.
PortugalFoods identifica para 2026 una serie de tendencias que reflejan este cambio de hábitos. Entre ellas destacan el creciente interés por los alimentos de origen vegetal, la demanda de productos saludables y funcionales, la preocupación por la sostenibilidad, la búsqueda de ingredientes naturales y la necesidad de combinar calidad con una buena relación calidad-precio. Son factores que encajan especialmente bien con la oferta hortofrutícola, llamada a desempeñar un papel cada vez más relevante en una alimentación equilibrada y respetuosa con el medio ambiente.
Estas tendencias también explican la apuesta del sector por reforzar la diferenciación. La innovación ya no se limita al desarrollo de nuevas variedades o a la mejora de los procesos productivos. También alcanza aspectos como los formatos de presentación, la reducción del desperdicio alimentario, la trazabilidad, los envases más sostenibles o la capacidad para ofrecer productos adaptados a nuevos estilos de vida y ocasiones de consumo.
Más allá del producto
Así las cosas, producir fruta de calidad ya no garantiza, por sí solo, el éxito comercial. La forma en que el producto se presenta al consumidor, la experiencia de compra y la confianza que genera la distribución han pasado a ser factores determinantes para construir su valor.
En este contexto, el reconocimiento concedido a Lidl Portugal como la empresa con la mejor experiencia de compra en la categoría de frutas y hortalizas en los premios Escolha do Consumidor 2026 ilustra la creciente importancia que adquiere la distribución dentro de la cadena de valor. Más allá del surtido o de la política de precios, los consumidores valoran aspectos como la frescura, la disponibilidad del producto, la presentación en el lineal o la facilidad para identificar su origen y calidad.
Para los productores y exportadores portugueses, esta evolución supone un nuevo desafío, pero también una oportunidad. La colaboración con la distribución resulta hoy más estrecha que nunca para adaptar la oferta a las expectativas del mercado y reforzar la competitividad de la fruta y la hortaliza portuguesa tanto en el mercado nacional como en el internacional.
El reparto del valor
El crecimiento del sector hortofrutícola portugués también ha reabierto el debate sobre el reparto del valor a lo largo de la cadena alimentaria. En un contexto de aumento de los costes de producción y de mayor exigencia por parte de los mercados, garantizar la viabilidad económica de las explotaciones pasa por lograr un equilibrio que permita remunerar adecuadamente a todos los eslabones de la cadena, desde el productor hasta la distribución.
El crecimiento del sector hortofrutícola portugués también ha reabierto el debate sobre el reparto del valor a lo largo de la cadena alimentaria
Esta realidad ha quedado patente tras el acuerdo alcanzado en Portugal entre las organizaciones agrarias y la distribución, que contempla la revisión de los precios de determinados productos alimentarios para reflejar el incremento de los costes de producción, según informaba Jornal Económico. El encarecimiento de la energía, la mano de obra, los fertilizantes, el transporte y otros insumos ha reducido los márgenes de los agricultores, dificultando la sostenibilidad económica de muchas explotaciones.
Sin embargo, el desafío va más allá de una simple actualización de los precios. El sector es consciente de que el consumidor continúa siendo especialmente sensible al coste de la cesta de la compra, por lo que el verdadero reto consiste en encontrar un equilibrio entre la rentabilidad de las explotaciones y el mantenimiento de la competitividad comercial. En este escenario, la transparencia en la cadena de valor y una mayor colaboración entre productores, operadores y distribución se perfilan como elementos clave para garantizar la sostenibilidad del modelo.
Rentabilidad amenazada
La evolución positiva de las exportaciones y el incremento del valor de la producción no ocultan los importantes desafíos a los que continúa enfrentándose el sector hortofrutícola portugués. Los efectos del cambio climático, el incremento de los costes de producción y la presión sobre los márgenes amenazan con limitar la rentabilidad de unas explotaciones que, pese a su creciente competitividad, siguen siendo especialmente vulnerables a factores externos.
El temporal que afectó a diversas zonas productoras portuguesas a comienzos de año puso de manifiesto esa fragilidad. La frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos se ha convertido en una de las principales preocupaciones de agricultores y exportadores, que reclaman herramientas más eficaces para gestionar el riesgo climático.
A esta situación se suma el incremento de los costes de producción, especialmente en ámbitos como la energía, los insumos agrícolas, la mano de obra y la logística. Esta presión ha reabierto el debate sobre la formación de los precios a lo largo de la cadena alimentaria. El acuerdo alcanzado entre organizaciones agrarias y distribución para trasladar parte de estos incrementos al precio final refleja la dificultad de mantener la rentabilidad de las explotaciones sin comprometer su competitividad en los mercados.
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