El Presidente de Frutas y Hortalizas de Cooperatives Agro-Alimentàries, Cirilo Arnandis, habla sobre la importancia de la promoción en materia hortofrutícola

La propuesta de promoción Intercitrus debería ser resuelta en el mes de octubre. / ARCHIVO
Cirilo Arnandis (*)
Septiembre es, tradicionalmente, el mes de la vuelta de las vacaciones. Por ello, espero y deseo que quienes las hayan podido disfrutar, hayan podido recargar pilas antes de la vuelta a la rutina. Falta hace volver con las pilas cargadas, ante lo que se avecina con un contexto social, económico y político bastante agitado. Por más que la globalización nos haya quitado esos hitos que veníamos considerando como inicios de campaña, que si bien todavía se cumplen por lo que hace referencia a la producción y lo son menos cada vez por lo que se refiere a la comercialización, todavía nos queda ese sentido del comienzo de un nuevo capítulo. Las sociedades se mueven y los hábitos cambian, aunque lo que sigue siendo igual es que aquellos temas que hace un mes dejamos en la carpeta, permanecen allí a la vuelta del periodo estival.
“Dada la importancia de la cuestión, Bruselas haría bien en estirarse un poquito, y aunque no cubra todas las peticiones, podría al menos garantizar que llega a todos los proyectos consistentes y necesarios que se hayan presentado. Entre ellos, por supuesto, la solicitud de Intercitrus, que es sólida y clave para el sector”
Una de las cuestiones que me gustaría retomar es la de la promoción, a partir de las noticias que nos llegaron desde Bruselas el pasado mes de julio. En verdad, no todo fue negativo, aunque suene a ironía, pero a priori perdemos más que ganamos. Así, la Comisión Europea adoptó el 14 de julio un nuevo marco normativo en relación con la promoción financiada con fondos comunitarios, con normas más sencillas que reducen los requisitos administrativos y financieros. Una buena noticia, no cabe duda, que Bruselas nos vendió con frases como que estos cambios “facilitarán la implementación de los programas y beneficiarán a las organizaciones que soliciten financiación comunitaria”. Hay que recordar que entre estas organizaciones se encuentra Intercitrus, cuya solicitud debería ser resuelta en el mes de octubre.
A finales de julio la Comisión se pronunció sobre su asignación de recursos para promoción. “Visto lo visto, no se entiende si faltan recursos, si se han aplicado recortes económicos o si influyen las dos cuestiones a la vez, pero el caso es que se ha rebajado sustancialmente la cantidad disponible para la ejecución de una política tan necesaria como esta”
Pero como la alegría dura poco en la casa del pobre, y no es lo mismo predicar que dar trigo, a finales del mes la Comisión se pronunció sobre su asignación de recursos para este tema concreto. Visto lo visto, no se entiende si faltan recursos, si se han aplicado recortes económicos o si influyen las dos cuestiones a la vez, pero el caso es que se ha rebajado sustancialmente la cantidad disponible para la ejecución de una política tan necesaria como esta. Una política que no solo es necesaria, sino que además se ha demostrado eficaz y que, en parte, viene a poner al descubierto las consecuencias de esa política practicada por Bruselas de puertas abiertas a toda costa, marcada por la ausencia de reciprocidad, que beneficia claramente a las importaciones agroalimentarias procedentes de países terceros. Promocionar el consumo de productos comunitarios en un contexto en el que en Europa está perdiendo cuota de mercado en su propio territorio de sus propias producciones respecto de las importadas, además de una necesidad es una obviedad. A esto hay que sumar la dificultad de conquistar nuevos mercados más allá del Viejo Continente, en gran parte a consecuencia de los leoninos protocolos que imponen los países terceros a nuestras exportaciones.
“La primera cuestión que preocupa es el nivel de solicitudes recibidas en relación con el presupuesto dispuesto para promoción. Así, para programas simples, es decir impulsados por una o varias organizaciones de un solo Estado miembro, se han presentado 183 proyectos, un 20% más respecto del año 2025, cuando se recibieron 136 peticiones”
“Pero la cifra verdaderamente alarmante es la relativa al volumen de financiación solicitado, 326 millones de euros, en comparación con el presupuesto asignado, 95 millones de euros. Es decir, se ha pedido casi tres veces y media más dinero del que está disponible para ser adjudicado”
La primera cuestión que preocupa es el nivel de solicitudes recibidas en relación con el presupuesto dispuesto para promoción. Así, para programas simples, es decir impulsados por una o varias organizaciones de un solo Estado miembro, se han presentado 183 proyectos, un 20% más respecto del año 2025, cuando se recibieron 136 peticiones. Pero la cifra verdaderamente alarmante es la relativa al volumen de financiación solicitado, 326 millones de euros, en comparación con el presupuesto asignado, 95 millones de euros. Es decir, se ha pedido casi tres veces y media más dinero del que está disponible para ser adjudicado. Estas cosas pasan en muchas convocatorias de ayudas, en las que se desestiman muchas peticiones por falta de presupuesto. Pero en este caso, dada la importancia de la cuestión, Bruselas haría bien en estirarse un poquito, y aunque no cubra todas las peticiones, podría al menos garantizar que llega a todos los proyectos consistentes y necesarios que se hayan presentado. Entre ellos, por supuesto, la solicitud de Intercitrus, que es sólida y clave para el sector.
Si bien esta noticia es preocupante, especialmente en el momento en que Intercitrus ha sido capaz de aprobar una extensión de norma y de articular una excelente propuesta de promoción de nuestros cítricos, también lo son las que llegan en referencia al presupuesto para el ejercicio 2027. En concreto, Bruselas propone destinar el próximo año para promoción de productos agroalimentarios europeos un total de 112 millones de euros, que contrastan con los 205 millones de euros de 2026, es decir un 45% menos. En el caso que más nos afecta, el de las frutas y hortalizas, se pasaría de 15,6 millones de euros, de los cuales 9,9 son para programa simples y 5,7 para programas multis, a apenas 10 millones (7,6 para programas simples y 2,4 para programas multis). Muy poco para un sector que fue capaz de generar un superávit comercial en 2025 de casi 50.000 millones de euros.
Si bien esta propuesta todavía no es definitiva, las probabilidades de que se mantenga así son bastantes altas. Llama la atención, en cualquier caso, su motivación. Según informó la Comisión, la elaboración de esta propuesta está en coherencia con las prioridades políticas de la Unión Europea, el análisis macroeconómico de las perspectivas de exportación por regiones, la evaluación de barreras comerciales, los resultados de convocatorias anteriores, la revisión del Marco Financiero Plurianual 2021–2027, así como las contribuciones de los Estados miembro. En resumidas cuentas, que el papel lo aguanta todo, que existen otras prioridades en el contexto geoestratégico actual y que hay países que no quieren poner más dinero al proyecto europeo. En esta misma línea argumental, si Bruselas pretende que la promoción sirva también para abrir oportunidades en destinos alternativos al mercado del Viejo Continente, por lo que respecta a nuestro sector, es esencial revisar los actuales protocolos de acceso a esos mercados alternativos para que esa aspiración sea viable.
Es difícil entender la propuesta de la Comisión en el ámbito de promoción, más allá del actual contexto de contracción del presupuesto global destinado a agricultura, que tiene su evidencia más clara en las negociaciones de la PAC que entrará en vigor a partir del año 2028. La guerra de Ucrania, la devolución de la deuda, así como la situación económica de países tractores como Alemania y Francia, pesan en las cuentas de Bruselas. Creo que es evidente, y que es difícil de contrarrestar la idea de que, en lo relativo a los fondos comunitarios destinados a promoción, se ha hecho un buen uso del programa y que se están empleando los recursos de un modo sensato y eficiente, por lo que Bruselas, con esta propuesta, y por más que lo quiera vestir, no hace más que incurrir en un nuevo ejemplo de incoherencia. Una incoherencia que además quiere justificar con una argumentación difícil de digerir, justo en una cuestión en la que una actuación constante y prolongada en el tiempo es la clave del éxito.
Retomando la cuestión de la negociación del futuro presupuesto comunitario, no quiero dejar escapar qué están haciendo otras grandes potencias económicas globales. Estados Unidos ha elevado su Agricultura a rango de seguridad nacional, con la seguridad alimentaria, por eso de las importaciones, como una cuestión capital. China está aplicando una política expansiva en relación, entre otras cuestiones, a su autosuficiencia y soberanía en este tema. Rusia también ha convertido en una cuestión estratégica la autosuficiencia en la producción de alimentos básicos, impulsada en buena medida por el contexto bélico que atraviesa. Así pues, quienes están llamados a dictar la agenda mundial entienden la agricultura y la alimentación como una cuestión estratégica, decisiva para su presente y futuro.
En un reciente estudio publicado por la Unión Europea, se ofrece una primera evaluación sobre las consecuencias que tendría aplicar la reciprocidad en el uso de productos fitosanitarios y su nivel de residuos en alimentos y piensos, una demanda reiterada de los productores. Las conclusiones son las que a buen seguro que intuimos, más allá del informe: una mayor dificultad para la llegada de productos procedentes de países terceros y una mayor competitividad de los productos comunitarios. El producto comunitario, más seguro, incrementaría sus precios, por lo cual, podría deducirse —y no quiero pensar en ello—, que la seguridad alimentaria es un factor minusvalorado para la consecución de otros objetivos. Y es que hay medidas que no cuestan dinero, como exigir a todos las mismas condiciones de acceso al mercado. Tal vez en este escenario deseado, pero poco probable, estaría más justificada una reducción del presupuesto para la promoción de los productos agroalimentarios europeos.




