Ximo Madramany (La Unió): “El seguro debe adaptar el periodo de cobertura a la realidad climática que estamos viviendo”

Entrevista al responsable del sector del kaki de La Unió Llauradora, Ximo Madramany

Ximo Madramany hace balance de cómo ha evolucionado la situación del cultivo del kaki en los últimos años. / LA UNIÓ

Julia Luz. Redacción. 

La campaña de kaki avanza marcada por una climatología cada vez más adversa, la presión de las plagas y unos costes de producción que siguen poniendo a prueba la rentabilidad del cultivo. A ello se suma una realidad comercial en la que no toda la producción que llega a obtenerse en el campo acaba teniendo salida, mientras el sector continúa reclamando soluciones para problemas que llevan años condicionando el cultivo, como la falta de herramientas fitosanitarias para hacer frente a las plagas. En este contexto, Ximo Madramany analiza cómo se presenta la campaña, qué recorrido pueden tener los precios y qué cambios considera necesarios para que el kaki siga teniendo futuro en el campo valenciano.

Valencia Fruits. ¿Cómo se presenta la campaña de kaki para los productores valencianos? ¿Qué volumen esperan que llegue al mercado?

Ximo Madramany. Al inicio de la campaña manejábamos una previsión de unas 290.000 toneladas, una cifra que se situaba aproximadamente en los niveles del año pasado. Sin embargo, tras la incidencia de las plagas y los episodios de viento y pedrisco hay menos producción. A estas alturas, no me atrevo a dar una cifra final, porque han ocurrido muchas cosas y es difícil hacer una previsión precisa.

VF. ¿Qué evolución esperan de los precios?

XM. En principio, los precios han ido bien. De hecho, sé que recientemente se han cerrado operaciones a entre 70 y 75 céntimos por kilo. El problema es que, en un año como este, de poco sirve tener un buen precio si no hay kilos suficientes.

Si la producción media se sitúa en torno a los 2.000 kilos comercializables por hanegada, por ejemplo, a 50 céntimos el kilo estaríamos hablando de 1.000 euros brutos por hanegada. Y eso no compensa, teniendo en cuenta que el coste de producción está por encima de los 700 euros por hanegada, sin contar todos los gastos al detalle.

Por ello, hasta que no empecemos a conocer las liquidaciones, algo que veremos prácticamente a partir de Año Nuevo, no podremos hacer una valoración definitiva. Todavía no hemos terminado la campaña y no sería la primera vez que la situación cambia de un día para otro, por lo que tampoco podemos adelantarnos.

VF. ¿Qué balance hacen de la climatología de este año? 

XM. Además de todos los problemas que ya teníamos, especialmente los relacionados con las plagas, este año hemos tenido que hacer frente también al pedrisco. La superficie afectada ha sido muy amplia y no debemos perder de vista que, de momento, han sido dos episodios diferentes.

El primero fue el del día 20, que afectó especialmente a la zona de l’Alcúdia y Guadassuar. Pero después hubo otra granizada que también afectó a otras zonas, entre ellas Alginet, que está también muy tocada. Hay parcelas con el 100% de la producción afectada y otras que han perdido gran parte de la cosecha o que, aunque puedan recolectarla, no será comercializable.

VF. Para hacer frente a las adversidades climáticas, ¿es el seguro una gran herramienta?

XM. Sí, el seguro es una herramienta necesaria para hacer frente a las adversidades climáticas, pero hay situaciones en las que la cobertura resulta insuficiente. Por ejemplo, si tienes asegurados 12.000 kilos y Agroseguro determina que finalmente solo hay 10.000 kilos, ya estás perdiendo 2.000 kilos de cobertura. Si después Agroseguro te paga unos 40 o 42 céntimos por kilo, la indemnización puede quedarse prácticamente en cubrir los gastos.

VF. ¿Consideran que las coberturas del seguro están adaptadas a las nuevas situaciones climáticas que está viviendo el campo?

XM. Personalmente, y en comparación con la naranja, considero que en el caso del kaki somos unos privilegiados en cuanto al seguro. Lo que sí necesitamos es que Agroseguro adapte el periodo de cobertura a la realidad climática que estamos viviendo.

Por ejemplo, actualmente la cobertura por viento comienza el 1 de septiembre y creemos que debería adelantarse al 1 de agosto. Cuando se produjeron aquellos reventones térmicos, con vientos que llegaron a romper árboles y causar daños importantes, a las personas afectadas por el viento ese daño no les entraba dentro del seguro. Por tanto, se han quedado sin cobertura para esos daños.

Una de nuestras demandas es precisamente que se adelante el inicio del periodo de cobertura. La granizada ya estaba cubierta en agosto, pero no ocurría lo mismo con el viento. Cada vez estamos viendo que el cambio climático está provocando tormentas y episodios de pedrisco más intensos y tempranos. Por eso, el seguro tiene que adaptarse a los momentos en los que realmente se están produciendo estos fenómenos.

VF. ¿Cómo está afectando esta campaña la presión de plagas al manejo del cultivo del kaki?

XM. Parece que la situación está algo mejor esta campaña  porque estamos tratando mucho. Lo que no puede ser es que tengamos que entrar a tratar contra el cotonet y la mosca entre diez y doce veces por campaña, utilizando además unos productos que tienen un coste prohibitivo.

El problema es que disponemos de muy pocas materias activas y son muy caras. Necesitamos poder contar con más materias activas para poder alternar los tratamientos y que las opciones disponibles no sean tan limitadas. Si tenemos que entrar a pulverizar cada diez días, llega un momento en que la situación es inasumible.

Y, sobre todo, no puede ser que llevemos diez o doce años arrastrando el problema del cotonet y que, hoy en día, sigamos sin tener una solución definitiva para esta plaga. Creo que es necesario que se dé una respuesta a este problema, porque, si no, el cultivo tiene los días contados.

“Los costes de producción han aumentado muchísimo en los últimos años, pero el precio que se paga por el kaki continúa prácticamente en los mismos niveles”

VF. El coste de los tratamientos es un factor más que está elevando los costes de producción. ¿Qué otros gastos están pesando sobre la rentabilidad del cultivo?

XM. El gasóleo, por ejemplo, se ha disparado. Un tractor puede llegar a consumir más de 200 euros de combustible en una jornada de trabajo, y el gasto aumenta todavía más cuando es necesario realizar más tratamientos: cuantas más veces hay que entrar en el campo, más producto y más gasóleo se necesitan.

En general, los costes de producción han aumentado muchísimo en los últimos años. Sin embargo, el precio que se paga por el kaki continúa prácticamente en los mismos niveles. 

VF. La mano de obra, o la falta de ella, ¿es también un problema para el kaki?

XM. En el caso del kaki, gracias a los trabajadores migrantes podemos sacar adelante las campañas. Cuando llega el momento de la recolección, como está ocurriendo ahora, son ellos quienes nos permiten poner en marcha la campaña. 

Además, muchos de estos trabajadores, una vez termina la campaña de recolección, permanecen para realizar otras tareas agrícolas, como la poda. Es una mano de obra que necesitamos porque aquí no tenemos suficiente gente para cubrir estas necesidades.

VF. Con una producción cada vez menor y unos costes que siguen aumentando, ¿cómo está la rentabilidad del cultivo? 

XM. La situación es muy complicada. Hay muchos campos que pueden producir alrededor de 4.000 kilos por hanegada, pero, por la afección de las plagas, la falta de calibre o simplemente porque una parte de la producción no cumple los requisitos comerciales, finalmente solo se pueden comercializar unos 2.000 kilos. Y hay muchos campos que incluso se quedan en 1.200 o 1.300 kilos comercializables.

El problema es que producir esos 4.000 kilos cuesta prácticamente lo mismo, aunque después solo puedas vender 2.000. Esos kilos que no se pueden comercializar son precisamente los que deberían permitir al agricultor obtener un beneficio, pero ese margen desaparece.

VF. Teniendo en cuenta los problemas de costes, clima, plagas y comercialización… ¿sigue siendo el kaki un cultivo de futuro para los agricultores valencianos? ¿Qué tendría que cambiar en los próximos años para garantizar su viabilidad?

XM. Yo creo que lo que habría que hacer es tomarse el cultivo en serio y considerarlo una cuestión prioritaria.

Estamos acabando con muchos de los productos que tradicionalmente se cultivaban aquí. Antes teníamos cosechas de cebollas, habas, melones y otros productos, y poco a poco hemos ido reduciendo esa producción. Hoy apenas nos queda algo de naranja y kaki. Por eso considero que es necesario que se tomen medidas y que se habiliten las ayudas que hagan falta para mantener estos cultivos.

Lo que no puede ser es que parezca que siempre somos los últimos en recibir apoyo, como si nuestra producción no tuviera importancia. Algún día, más pronto que tarde, podemos arrepentirnos de no haber actuado antes. Durante la pandemia se habló mucho de las lecciones que habíamos aprendido, pero creo que no hemos aprendido lo suficiente, porque seguimos avanzando hacia una menor autosuficiencia alimentaria. Y quizá algún día echemos de menos lo que teníamos y ya no podamos recuperarlo.

Acceso a la entrevista en la página 12 del dossier Kaki en el ejemplar de Valencia Fruits. 

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