Manuel Hidalgo presenta, junto a ASEDAS y CAEA, un estudio que elimina las distorsiones de los análisis “precio origen-destino”

El estudio aporta ejemplos de cinco cadenas de productos donde se observa el valor añadido que aporta cada eslabón y se detallan los costes que se soportan. / ASEDAS
Valencia Fruits. Redacción.
El análisis de la formación de precios en la cadena agroalimentaria requiere un enfoque riguroso que tenga en cuenta todos los eslabones y factores que intervienen en ella. Esta es una de las principales conclusiones del estudio presentado el pasado 28 de abril en Madrid por Manuel Hidalgo, profesor de Economía de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, bajo el título “Análisis de la cadena de valor agroalimentaria: metodología para la comparación precisa de precios origen-destino”.
El trabajo, dado a conocer en una jornada organizada por ASEDAS (Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados) y CAEA (Confederación Andaluza de Empresarios de Alimentación y Perfumería), contó también con la participación del director general de Alimentación del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, José Miguel Herrera.
La investigación propone una metodología orientada a superar lo que el autor califica como “distorsiones sistemáticas de enfoques simplistas”, aquellos que se limitan a comparar el precio en origen con el de destino sin considerar los procesos intermedios. Según el estudio, este tipo de análisis incurre en cinco errores principales: invisibilizar los eslabones intermedios, agrupar funciones económicas distintas, ignorar la dimensión temporal de las campañas, subestimar la complejidad técnica y cuestionar implícitamente la legitimidad de los servicios que se prestan a lo largo de la cadena.
Estos enfoques simplistas invisibilizan eslabones intermedios, niegan la dimensión temporal de las campañas y cuestionan la legitimidad económica de los servicios, entre otros
En este sentido, el informe advierte de que estas distorsiones no son únicamente de carácter técnico, sino que pueden derivar en interpretaciones erróneas que alimenten “soluciones populistas”, alejadas de la realidad económica del sector.
A partir de un análisis empírico, el estudio concluye que, con carácter general, no existen márgenes abusivos en los distintos eslabones de la cadena agroalimentaria. Por el contrario, el precio final de los productos responde a costes reales, riesgos asumidos e inversiones realizadas en cada fase. Esta conclusión, según el autor, contradice las percepciones que apuntan a la existencia de intermediarios especulativos o incrementos injustificados de precios, interpretaciones que pueden generar confusión y alarma social entre los consumidores.
El trabajo pone también en valor la eficiencia alcanzada por las cadenas agroalimentarias españolas, fruto de décadas de mejora continua, innovación tecnológica y optimización de procesos. Asimismo, subraya que las variaciones de precios entre campañas obedecen a factores económicos legítimos, como la disponibilidad de productos o las condiciones climáticas durante la producción y recolección, y no a prácticas especulativas.
Como base de su propuesta, Hidalgo establece seis requisitos fundamentales para cualquier análisis económico riguroso de la formación de precios: la identificación exhaustiva de los eslabones de la cadena, la definición precisa de los precios en función de calidad y temporalidad, la validación de datos a través de múltiples fuentes, la representatividad estadística de las muestras, y la actualización periódica de la información para reflejar la evolución de los mercados.
Las conclusiones apuntan a que el precio del producto final está justificado por costes, riesgos e inversiones
La metodología se articula en torno a cuatro niveles comerciales claramente diferenciados: origen o producción primaria, transformación (manipulación o procesado), fase mayorista (logística y distribución) y venta al consumidor. Este enfoque permite reflejar de forma más precisa la aportación de valor y los costes asociados a cada etapa.
El informe se completa con el análisis aplicado a cinco cadenas de valor concretas —aceite de oliva, leche, pollo, limón y patata— en las que se detalla el papel de cada eslabón, evidenciando el valor añadido generado a lo largo del proceso y los costes que asume cada agente.
En conjunto, el estudio plantea la necesidad de avanzar hacia herramientas analíticas más precisas que contribuyan a una mejor comprensión del funcionamiento de la cadena agroalimentaria y sirvan de base para la adopción de políticas fundamentadas en evidencia.










