“Un sistema de protección incompleto”, por Cirilo Arnandis

El presidente Frutas y Hortalizas Cooperatives Agro-alimentàries, Cirilo Arnandis, habla sobre la fiscalidad agraria y la protección de los agricultores frente a las pérdidas causadas por fenómenos climáticos, plagas y enfermedades

El clima actual del mar Mediterráneo está facilitando la estabilización de las plagas y enfermedades nuevas que llegan a las zonas productoras españolas. / Archivo

Cirilo Arnandis (*)

Según la definición de la RAE, un impuesto directo es un tributo que se exige en función de la capacidad económica de los obligados a su pago, bien sea sobre la renta o el patrimonio. Pese a su mala fama, los impuestos son necesarios, ya que con ellos se financian servicios esenciales para los ciudadanos, caso de la sanidad, la educación o las infraestructuras. Las distintas Administraciones se reparten el cobro de los diferentes impuestos, atendiendo a nuestro ordenamiento político y jurídico. En estos momentos, por ejemplo, estamos inmersos en la campaña del IRPF, conocida popularmente como “declaración de la renta”, que no es más que el pago del impuesto derivado de los ingresos económicos obtenidos. 

El mundo rural también paga sus impuestos. Desde su singularidad y características propias, los mismos que en el ámbito urbano. Sin embargo, el retorno —por eso de las economías de escala y la rentabilidad política— es muy distinto, pues hospitales o colegios están en muchas ocasiones más alejados del lugar donde muchos agricultores desarrollan esas actividades sometidas al pago de impuestos.

En relación con el pago del impuesto de la renta de las personas físicas, el conocido como IRPF, ofrece la posibilidad de su cálculo atendiendo al diferencial de ingresos y gastos, o mediante la aplicación de un índice a los ingresos, que es lo que coloquialmente se conoce como el sistema de módulos. En un contexto, el agrario, donde el exceso de normativa no deja de ser una tara, algo que todos los políticos dicen que quieren resolver, disponer de un método de tributación simple tiene su valor, De todos modos, como es sabido, la actividad agraria está expuesta a un sinfín de circunstancias, por lo que el artículo 37.4.1.º del Reglamento del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, aprobado por el Real Decreto 439/2007, de 30 de marzo, establece que “cuando el desarrollo de actividades económicas, a las que fuese de aplicación el método de estimación objetiva, se viese alterado por incendios, inundaciones u otras circunstancias excepcionales que afectasen a un sector o zona determinada, el Ministro de Hacienda podrá autorizar, con carácter excepcional, la reducción de los signos, índices o módulos”.

“¿Acaso es necesaria una Orden anual, similar a la de módulos, que contemple el impacto creciente de plagas y enfermedades en nuestros cultivos? Lo cierto es que, con carácter general, nos encontramos ante un buen sistema de protección, pero insuficiente, pues solo cuando una incidencia es grave y generalizada se plantea por parte de las Administraciones la adopción de medidas compensatorias”

Con fecha de 18 de mayo, y pese a que la “campaña de la renta” ya se había iniciado, el BOE publicó la “Orden de Hacienda que modifica los índices de rendimiento neto aplicables en el método de estimación objetiva del IRPF para las actividades agrícolas y ganaderas afectadas por circunstancias excepcionales”, amparada en el mencionado artículo. Esta “Orden de módulos” rebaja los índices, ya sea con carácter general, de modo territorializado, y/o por cultivos, a partir del impacto de circunstancias excepcionales adversas que afectaron a la rentabilidad de muchas explotaciones agrícolas y ganaderas durante 2025. Si bien esta Orden, más allá de los errores y omisiones que puedan detectarse, es necesaria y siempre esperada, tan solo contempla incidencias que minoran la producción derivada de acontecimientos meteorológicos o climáticas. Es por ello que parece necesario replantearse el sistema para garantizar su efectividad continuada en el tiempo para agricultores que encadenan año tras año diversas circunstancias excepcionales que condicionan su producción. Y es que no vale la continua explicación de la Administración que manifiesta que existe un sistema alternativo de tributación atendiendo al diferencial de ingresos y gastos. Si existe el “sistema de módulos”, planteémoslo bien.

“El escudo de protección al que pueden acogerse los productores no contempla todos los riegos, pues hay circunstancias que afectan gravemente a la producción y a la rentabilidad de las explotaciones, siendo un claro ejemplo de lo que digo el impacto que generan las plagas y enfermedades”

“Cada vez son más las plagas y enfermedades nuevas que detectamos en nuestros cultivos. Ello es la consecuencia inicial de una serie de errores y de una serie posterior de ineficiencias, y suele tener, como solución final, una sensación de impotencia por parte del agricultor, que al no tener alternativas de actuación acaba viendo cómo se pierde una cosecha”

Esta actuación cabe encuadrarla dentro del escudo de protección para el campo que se completa con el seguro agrario, herramienta imprescindible para generar estabilidad en una actividad tan sensible como la producción de alimentos. Actividad que adquiere cada más importancia en el contexto geoestratégico actual, y en tiempos en los que el clima es cada vez más extremo e impredecible. Bien se puede decir que quien asegura está protegido. Y es que, en el caso de nuestra región, no existe excusa posible para no contratar la correspondiente póliza del seguro agrario, pues podemos decir con orgullo que la Generalitat Valenciana es la Administración autonómica que más apuesta por el seguro agrario, con un presupuesto de más de 35 millones de euros, de modo inicial, para el ejercicio 2026. Por ello, desde el sector cooperativo defenderemos firmemente este modelo que le es útil al productor, trabajando conjuntamente con ENESA para garantizar la existencia de líneas y coberturas que se ajusten a la realidad de cada cultivo, y sin olvidarnos de la promoción de la póliza asociativa.

Pero como nada es perfecto, el escudo de protección al que pueden acogerse los productores no contempla todos los riegos, pues hay circunstancias que afectan gravemente a la producción y a la rentabilidad de las explotaciones, siendo un claro ejemplo de lo que digo el impacto de las plagas y enfermedades. Este tema ya lo hemos tratado en infinidad de ocasiones, pero sin demasiado éxito, pues cada vez son más las plagas y enfermedades nuevas que detectamos en nuestros cultivos. Ello es la consecuencia inicial de una serie de errores y de una serie posterior de ineficiencias, y suele tener, como solución final, una sensación de impotencia por parte del agricultor, que al no tener alternativas de actuación acaba viendo cómo se pierde una cosecha, en ocasiones repitiéndose esta situación en varias campañas consecutivas.

“Cuando se consuma la pérdida de la cosecha como consecuencia de lo ya indicado, poca o ninguna posibilidad tienen los productores de acogerse a un escudo protector, en lo que sería una línea de actuación que es necesario mejorar”

La llegada de una nueva plaga o enfermedad a Europa puede ser de distintas formas, pero una de las más habituales es a través de la importación. Para que una nueva plaga nos llegue, tiene que estar presente en la explotación de origen sin haberse realizado previamente un tratamiento adecuado, los servicios de inspección del país de origen no la deben de haber detectado, como tampoco deben de haber detectado su presencia los servicios de inspección comunitarios, siendo esta una primera batería de fracasos continuos. El clima actual del mar Mediterráneo facilita la estabilización de todas estas plagas y enfermedades nuevas que nos llegan y, de forma paralela, tenemos menor capacidad de respuesta, ya que cada vez hay menos materias activas eficaces autorizadas y más trabas para la liberación de fauna útil. Esto viene a suponer una segunda línea de ineficiencia. Finalmente, cuando se consuma la pérdida de la cosecha como consecuencia de lo ya indicado, poca o ninguna posibilidad tiene el productor de acogerse a un escudo protector, en lo que sería una tercera línea de actuación que es necesario mejorar.

La competencia en materia de comercio exterior recae en la Comisión Europea, que es quien exige, o no, un sistema productivo y de control de las importaciones. El control en origen, caso de existir o de ser exigido por Bruselas, corresponde a las autoridades del país de origen, mientras que los controles en frontera de las importaciones europeas son llevadas a cabo por las autoridades nacionales del Estado miembro comunitario del puesto fronterizo de entrada. Demasiados actores para ser una cadena de actuaciones eficiente, sobre todo si los objetivos no son comunes. Una vez detectada la plaga o enfermedad, hay que lidiar, bien sea con el Ministerio de Agricultura o con el de Transición Ecológica, para encontrar armas y estrategias con las que defender los cultivos, y en esencia las rentas económicas que de ellos se derivan. Si bien es seguro que están sensibilizados con el problema, lo cierto es que hay bastantes ocasiones en las que la solución no llega.

Ante lo evidente, la pregunta es qué podemos hacer. ¿Acaso es necesaria una Orden anual, similar a la de módulos, que contemple el impacto creciente de plagas y enfermedades en nuestros cultivos? Lo cierto es que, con carácter general, nos encontramos ante un buen sistema de protección, pero insuficiente, pues solo cuando una incidencia es grave y generalizada se plantea por parte de las Administraciones la adopción de medidas compensatorias. Mientras tanto, nosotros seguimos padeciendo sus consecuencias, cada vez con menos herramientas para tratar y con más amenazas a las que hacer frente.

Dicen que la mejor medicina es la preventiva, por lo que la mejor política sería aquella que impide, de modo eficaz, la llegada de nuevas plagas y enfermedades que afectan a nuestros cultivos. La ausencia de una política en este ámbito cuesta dinero a la Administración y a los productores. ¿Cuánto dinero e impacto medioambiental nos ahorraríamos si quien tiene la responsabilidad la ejerciera de modo responsable y efectivo? 

(*) Presidente Frutas y Hortalizas Cooperatives Agro-alimentàries