El agua desalada ya es imprescindible en la cuenca del Segura, pero sin renunciar a la del Trasvase del Tajo

Organizaciones agrarias, productores y exportadores coinciden en impulsar estos recursos y abaratar sus costes para afrontar futuros recortes de otras fuentes

Pilar Benito. Murcia.

La tormenta perfecta está en camino y la Región de Murcia es una de las grandes afectadas: el recorte de los caudales a trasvasar desde la cabecera del Tajo, la prohibición del uso de las aguas subterráneas en aquellos acuíferos sobreexplotados (prevista para 2027, pero posiblemente sea factible una moratoria hasta 2033), y el cambio climático, con la mayor presencia de sequías. Todo eso, con el resultado de un previsible descenso de los recursos para el regadío en la denominada ‘huerta de Europa’.

El sector no renuncia a los aportes de la cabecera del Tajo y seguirán luchando para que no haya recortes, pero no pueden vivir sin los recursos procedentes de la desalación, ya que en algunas comunidades de regantes es más que un recurso complementario

Ante este panorama el sector lo tiene claro: no van a renunciar a los aportes de la cabecera del Tajo y seguirán luchando para que no haya recortes, pero no pueden vivir sin los recursos procedentes de la desalación, ya que en algunas comunidades de regantes la desalación es más que un recurso complementario.

El agua desalada para usos agrícolas entró en la Región de Murcia en aquellos territorios donde el preciado Trasvase Tajo-Segura no llega: principalmente en Águilas y Mazarrón. En este último municipio, los agricultores, constituidos en una comunidad de regantes, fueron los pioneros en España en construir una desaladora de aguas subterráneas, que bautizaron ‘Virgen del Milagro’. Fue en una época en la que la palabra desalación no estaba en el vocabulario de la agricultura regional ni de la española. Ya ha cumplido 30 años y sigue funcionando para cubrir las necesidades de miles de hectáreas de esta zona (más de 3.500), a las que aporta alrededor de 16 hm3 de agua al año. Gracias a las instalaciones fotovoltaicas se ha conseguido abaratar el coste del agua a precios asumibles por la agricultura.

Desde el municipio colindante, Lorca, otra de las grandes zonas agrícolas regionales, Juan Marín, actual representante del sector de brócoli-coliflor en Proexport, defiende esta postura. Marín también preside la Comunidad de regantes de este municipio y la recién creada (en 2023) Comunidad General de Regantes del Valle de Guadalentín, que usa los recursos de la desaladora de Águilas.

Explica que el agua desalada, procedente de la planta de Águilas (70 hm3) ya supone el 43% de todos los recursos que utilizan los comuneros, y que para suplir los que proceden de los acuíferos sobreexplotados de la zona (que perderán a corto o medio plazo) ya empujan para que el Gobierno español construya la proyectada planta Águilas 2 (50 hm3 más previstos).

Marín relata cómo los agricultores lorquinos y del valle del Guadalentín echan mano de ese ‘mix’ de recursos desde hace años porque lo contrario “sería morir”. “Podemos presumir de que no hay dos comunidades de regantes en España como la nuestra”, destaca y explica que mezclan agua del Trasvase, de dos embalses de la zona, desalada, de acuíferos y depurada.

En un punto intermedio, y priorizando la llegada del agua del Trasvase se sitúa Santiago Martínez, presidente de la federación de cooperativas de la Región de Murcia (Fecoam): “La desalación es una solución intermedia, cuyo uso no tiene sentido cuando hay agua de sobra en los embalses de cabecera del Tajo, como ahora”.

Sin embargo, reconoce que cuando estos recursos desciendan “puede ser la solución allá donde sea posible tenerla y, sobre todo, cuando se consiga conectar la desaladora de Torrevieja con el Azud de Ojós”. Si antes de que esto ocurra, “nos recortan el trasvase y nos cierran los acuíferos, sólo nos queda la ruina”.

Joaquín Gómez, presidente de Apoexpa, coloca actualmente la desalación como una de las tres patas del banco de los recursos hídricos para el regadío más que en la tabla de salvación. No obstante, reconoce que tendrá una relevancia “muy importante”, en el futuro, principalmente ante los posibles recortes de la cabecera del Tajo.

“Pero para ello, todo el mundo espera que se abarate mucho su coste con la introducción de las energías renovables en la producción del agua y se avance en el control del boro”, apunta. Y deja claro que ningún Gobierno puede “quitarme nada sin darme otra cosa a cambio” y que “si se apuesta por la desalación, que esté todo preparado para facilitarme ese agua cuando me reduzca la otra a la que tengo derecho”, porque mucha riqueza depende de ello.

Por último, Gómez considera que sería “algo bueno” que el Gobierno diera a la iniciativa privada más protagonismo en la construcción de nuevas plantas, lo que no ha hecho hasta ahora.

La organización agraria, UPA, deja claro, ante todo, que en este debate es fundamental tener presente que la situación de la cabecera del Tajo imposibilitará cada vez más el envío de agua para regadío hacia la Región de Murcia y el Levante en general. “Por ello, y al margen de la decisión política, hay una realidad climática y nuestra agricultura, que está muy orientada hacia el mercado, no puede vivir con incertidumbres de aportaciones de agua, sino con estabilidad en el suministro”, apunta su secretario general, Marcos Alarcón.

Ahí es donde entra la desalación. “Ahí es donde hay que trabajar con celeridad, sobre todo en la reducción de su coste, con las energías renovables, cuya subvención ministerial acabará en 2027, para que su precio sea asumible para la agricultura”. Y, para ello, pidió la colaboración de las comunidades autónomas, como la valenciana, para que no ponga pegas administrativas a la ampliación de la desaladora de Torrevieja. “Necesitamos lealtad institucional entre Comunidad y Ministerio”, subraya Alarcón.

Desde la organización agraria COAG, su presidente, José Miguel Marín, reconoce que la Región de Murcia lleva años aplicando la procedencia de ese ‘mix’ de aguas para atender sus regadíos, y que dentro de este la desalación es una fuente importante. Sin embargo, considera “un auténtico disparate” el argumento del recorte de agua del trasvase a cambio de la desalación.

“Hay muchos cultivos que no funcionarían sólo con este tipo de agua, como los cítricos”, apunta, para quien todo se complica “cuando se empieza a hacer política con la desalación y encima sin cumplir los calendarios que han previsto”. Y apuesta por una política hidráulica centrada en el aprovechamiento de todos los recursos de forma equilibrada, “como hemos nosotros hasta ahora”.

Con todo, y mientras el reloj no para, el reto está en abaratar los costes del agua desalada, mejorar las infraestructuras y ampliarlas o construir nuevas plantas para que llegue allí donde se necesita. Y, un aspecto apuntado por todos los encuestados es que en la cabecera del Tajo hagan sus deberes los agricultores, modernizando los regadíos como en Murcia, y, sobre todo, que la Comunidad de Madrid, incremente los niveles de depuración de las aguas residuales. Todo ello permitiría reducir los caudales ecológicos en el Tajo y que llegue más agua al Levante.