En los veinte años de investigación el equipo de Mejora Genética de Frutales del instituto murciano de investigación ha logrado 23 variedades nuevas

Pilar Benito. Murcia.
El equipo de Mejora Genética de Frutales del Imida (Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Medioambiental) lleva casi dos décadas trabajando en la búsqueda y mejora de nuevas variedades de fruta de hueso en la Región de Murcia, centrados en el melocotonero, cerezo, la recién incorporada pitaya (o fruta del dragón)y, en colaboración con el CEBAS-CSIC, en ciruelo japonés. Como relata para Murcia Fruits el responsable de este equipo, José Cos Terrer, la investigación se centra en la adaptación de las variedades al cambio climático (con la presencia de menos frío), la calidad organoléptica y en la lucha genética contra las plagas que permita la reducción del uso de productos fitosanitarios.
En estos veinte años, los investigadores (el equipo está formado por nueve personas, seis investigadores y tres técnicos de campo y laboratorio) han evaluado 60.000 híbridos distintos, de los cuales unos 400 han pasado a la siguiente fase y de estos 23 se han convertidos en las nuevas variedades que hoy están comercializadas en las series de las tipologías de melocotón: Mistral (platerinas), Siroco (paraguayos), Levante (melocotón amarillo o pavías), Poniente (melocotón blanco), Bora (nectarina) y Alisio (melocotón rojo), y dos variedades de ciruela Lucía y Victoria. Son necesarios entre diez y quince años para conseguir una nueva variedad apta para su entrada en la cadena productiva y de los mercados.
“Buscamos principalmente esa adaptación a la climatología, con menos acumulación de frío, y comprobar cómo se comportan en el campo las candidatas a ser variedades comerciales”, explica Cos Terrer, quien subraya que todo va ligado “a la calidad” de la variedad final.
“Hemos conseguido una fruta magnífica”, comenta y destaca que la Región de Murcia es uno de los “puntos calientes” de mejora genética a nivel mundial, que cuenta también con otros programas de mejora como los de PSB y Bloom Fresh. Son sus principales competidores Estados Unidos, Francia, Italia, Sudamérica (Chile) y Sudáfrica, aunque “la más importante selección vegetal la hacemos aquí”.
Los criterios de selección genética en campo de los híbridos con los que se trabaja, debido a esta competencia, lleva a los investigadores a guiarse por una máxima: “Si dudas, arráncalo”.
“A este tipo de proyectos se le pone mucho corazón, se cree mucho en ellos y lo que también nos mueve es que el resultado se transfiere a la sociedad; es la mayor riqueza que generamos, que llegue al consumidor”.
Es la pitaya el producto de más reciente incorporación al campo murciano. Es un fruto tropical exótico, originario de América Central y México, con el que el Imida comenzó a trabajar hace ocho años, para lo que trajeron variedades de Sudamérica y Asia. “La principal queja de los productores es que les falta sabor, por lo que estamos centrando la investigación en lograr que sean más gustosas, más ‘mediterráneas’”, apunta José Cos.
Destaca la idoneidad de esta fruta porque crece en un cactus con poca necesidad de agua, es fácil de comer y tiene muchas propiedades nutritivas: alto contenido en fibra para mejorar la digestión, antioxidantes para el sistema inmunológico y bajo contenido calórico (aprox. 50-60 kilocalorías por 100 gramos).
Conexión total
La conexión entre el mundo de la investigación y el de la producción es total en la Región de Murcia, de hecho, “los productores son muy valientes y muchas veces van por delante de nosotros y nos ayudan a decidir en qué línea nos metemos”, apunta Cos Terrer.
El Instituto tiene parcelas de evaluación para plantar las variedades que han pasado las primeras selecciones en el laboratorio en cinco localidades, coincidiendo con las distintas altitudes: en el Campo de Cartagena (nivel del mar, para variedades más tempranas); Abarán, Calasparra (sobre todo para el ciruelo); Yéchar (Mula), donde hay una importante colección de melocotón denominado ‘REFpop’, que recoge la mayor diversidad genética de esta fruta de todo el mundo; y Jumilla, con el cerezo.
“Son distintos climas y alturas que nos permiten descartar las variedades seleccionadas que no funcionan bien en el campo”, señala el responsable del departamento. Apunta Cos que, en referencia al cambio climático, los márgenes de adaptación de las plantas son amplios pero “sí vemos si una variedad que iba destinada a un lugar determinado ya no va bien allí”.Y concluye: “Lo bueno que tenemos es que Murcia es un laboratorio del cambio climático y lo que obtenemos aquí tal vez lo podamos vender a otros lugares donde también les afecte”.
A estas fincas invitan regularmente a los agricultores y productores, a quienes muestran las variedades que podrían ser comercializadas. “Son ellos los que nos dicen si pueden dar el salto al mercado”. A esta colaboración el equipo investigador la denomina “mejora participativa”, un esquema radial por el que hablan “con todos los eslabones de la cadena, desde los productores a las asociaciones, supermercados, cocineros… Queremos implicar los gustos de todos”.
Accede a la entrevista en la página 8 de Murcia Fruits.
Acceso íntegro al último ejemplar de Valencia Fruits.










