Entrevista al Director general de Asedas, Ignacio García Magarzo

Raquel Fuertes. Redacción.
El sector de la distribución alimentaria vuelve a afrontar los desafíos de un incierto escenario geopolítico. A las “ocho crisis” de las que hablábamos hace un año y que se habían sucedido en apenas unos años se han sumado nuevas incertidumbres vinculadas al conflicto en Oriente Medio, mientras persisten problemas estructurales como el absentismo laboral o el debate sobre la competitividad de la producción española frente a terceros países. En este contexto, el director general de Asedas, Ignacio García Magarzo, defiende el papel de la distribución de proximidad española como uno de los sistemas más eficientes de Europa y reivindica comunicar con eficiencia sobre la formación de precios, el peso real de los supermercados en la cadena alimentaria y la importancia estratégica de la soberanía alimentaria europea.
Valencia Fruits. El V Informe de Distribución Alimentaria de Proximidad en España presentado por Asedas refleja un sector que sigue creciendo pese al complejo contexto. ¿Qué balance hace de la situación actual de la distribución de proximidad en España?
Ignacio Gacía Magarzo. Afortunadamente, la distribución de proximidad no sólo sigue siendo el formato preferido por los consumidores, sino que además mantiene el dinamismo empresarial. En España hay muchísimas empresas de distribución alimentaria. De hecho, en el estudio que hemos presentado aparecen datos de unas 300 compañías. Algunas son pequeñas cadenas con pocos supermercados, pero a partir de unas 200 ya hablamos de empresas locales, provinciales o regionales con una dimensión importante.
Estas empresas siguen creciendo. Durante 2025 se abrieron más de 800 nuevos supermercados en España, algo muy meritorio en un mercado que muchas veces se define como maduro o saturado. Sin embargo, comprobamos que continúa creciendo y evolucionando.
Eso nos permite hablar de un gran sector de distribución de proximidad en España, que beneficia claramente tanto a los consumidores como al conjunto de la sociedad.
VF. A pesar de ello, el sector continúa siendo objeto de críticas recurrentes, especialmente relacionadas con la configuración de los precios. ¿Por qué persiste esa percepción de que el supermercado concentra el margen de la cadena?
IGM. Convivimos con esa idea desde hace muchísimos años. Afortunadamente, hoy existe mucha más información pública sobre la formación de precios en la cadena alimentaria, tanto desde las administraciones como desde las organizaciones sectoriales.
Aun así, sigue existiendo la percepción de que los márgenes son excesivos o de que la distribución se aprovecha, algo que sencillamente no es cierto. Además, no podría ser cierto porque cualquier empresa que incrementase sus márgenes por encima de lo razonable perdería competitividad inmediatamente. En España cambiar de supermercado es muy fácil para el consumidor: sólo tiene que cambiar de acera.
Lo que hemos vivido entre 2021 y 2024 ha sido algo completamente excepcional. El IPC alimentario llegó al 16% en diciembre de 2022, una situación sin precedentes provocada por factores totalmente ajenos a la cadena alimentaria: subida de carburantes, energía, materias primas y el impacto de la guerra de Ucrania.
En aquel momento insistimos mucho en que se trataba de un problema de costes y no de competencia. Y el tiempo nos ha dado la razón. Cuando los costes se han ido normalizando, la evolución de los precios también lo ha hecho.
VF. ¿Existe preocupación por el posible impacto de la guerra de Irán sobre los costes alimentarios?
IGM. Claro que hay preocupación, pero también experiencia reciente. Las dos crisis han sido tan seguidas que, cuando comenzó el conflicto de Irán, prácticamente todo el mundo asumió que ya sabíamos qué cosas funcionan y cuáles no para contener el impacto sobre los precios.
El transporte es fundamental en distribución alimentaria y el gasóleo representa cerca del 30% de su coste. Como también pueden verse afectados fertilizantes o envases, que dependen mucho del petróleo y del gas. Pero lo importante es mantener la confianza en que la cadena funciona y en que la competencia sigue operando. Los supermercados son muy conscientes de que son quienes dan la cara ante el consumidor y actúan con enorme responsabilidad.
VF. Centrando un poco más el tema, precisamente las frutas y hortalizas suelen situarse en el centro del debate sobre precios. ¿Por qué ocurre esto?
IGM. Porque son productos esenciales en la cesta de la compra y además tienen precios muy variables, condicionados por muchos factores: climatología, cosechas, importaciones, exportaciones o calidad.
España es uno de los grandes productores mundiales y eso nos beneficia muchísimo. Pero es lógico que cuando algún producto sube de precio haya sensibilidad social.
También hemos aprendido que hay que ser prudentes antes de sacar conclusiones sobre una campaña. En frutas y hortalizas siempre hay mucho ruido antes de comenzar las campañas porque los productores tienen incertidumbre respecto a costes, importaciones o comportamiento del mercado. Después, normalmente, si todos los operadores actúan con responsabilidad y sensatez, el mercado termina funcionando razonablemente bien.
VF. Uno de los debates más recurrentes en los frescos es el del origen. ¿Prioriza realmente la distribución producto extranjero más barato frente al español como apuntan a veces algunas voces?
IGM. España es un grandísimo productor de alimentos y aproximadamente el 85% de los productos alimentarios que venden los supermercados españoles son de origen nacional.
Eso ocurre por muchas razones como, por ejemplo, la seguridad de suministro. El contexto internacional es cada vez más complejo y nadie quiere depender excesivamente de producciones lejanas sujetas a incertidumbres geopolíticas o logísticas.
Ahora bien, también es verdad que el consumo se ha desestacionalizado completamente. Queremos cítricos, uvas o fruta de hueso durante todo el año y cuando aquí no hay producción, hay que acudir a otros orígenes. No olvidemos que muchas veces son empresas españolas las que producen en otros países. Eso también forma parte de la internacionalización del sector.
VF. ¿Podemos decir que la distribución española compite con otros supermercados europeos por la producción española?
IGM. Absolutamente. En muchas zonas productoras españolas el 70% o incluso más de la producción se exporta. En cítricos, por ejemplo, se supera ampliamente ese porcentaje. Eso significa que en la práctica los distribuidores españoles compiten directamente con cadenas alemanas, británicas o de otros países europeos para acceder a esa producción.
Así, la capacidad real de la distribución española para influir sobre los precios en origen es mucho más limitada de lo que a veces se transmite. Si además tenemos en cuenta el peso del canal tradicional y de los mercas, la capacidad efectiva de influencia de los supermercados sobre el conjunto de los precios agrícolas es relativamente pequeña.
VF. Otro de los grandes problemas del sector sigue siendo el absentismo laboral como han ido señalando desde Asedas. ¿Qué dimensión tiene actualmente?
IGM. Es probablemente uno de los problemas sociales más graves que tenemos en este momento y, sin duda, una pandemia silenciosa.
Desde antes de la pandemia hasta ahora, las horas perdidas por incapacidad laboral transitoria prácticamente se han duplicado. Hay empresas del sector que manejan tasas de absentismo del 10% o incluso del 15%.
Estamos hablando de un sector que emplea a cerca de medio millón de personas. Eso significa que cada día faltan miles de trabajadores a sus puestos.
El problema afecta a todos: a la Seguridad Social, a las empresas y también a los propios trabajadores, porque cuando alguien falta injustificadamente, son sus compañeros quienes deben asumir ese trabajo.
VF. ¿Tienen identificadas las causas?
IGM. No completamente. Hay bajas absolutamente justificadas y patologías que han aumentado claramente, como las relacionadas con la salud mental. Eso es indiscutible.
Pero también existen datos muy llamativos que indican que algo más está ocurriendo. Por ejemplo, los menores de 35 años tienen más bajas que los mayores de 55. O casi una cuarta parte de las bajas se concentran los lunes. O las enormes diferencias territoriales entre comunidades autónomas. Son cuestiones que no tienen una explicación sencilla desde el punto de vista sanitario.
Además, observamos diferencias muy importantes en los tiempos de recuperación dependiendo de si la asistencia la presta una mutua o el sistema público. En algunos procesos traumatológicos hay hasta 30 días de diferencia media. Por eso creemos que hay que actuar. No se trata de culpabilizar a nadie, sino de afrontar un problema que la sociedad no puede permitirse.
VF. Con márgenes tan ajustados como los de la distribución, ¿hasta qué punto amenaza el absentismo la viabilidad empresarial?
IGM. Muchísimo. La inversión en personal es el principal o segundo mayor coste de una empresa de distribución alimentaria. Cuando los márgenes están en torno al 2% o 3%, cualquier desviación importante puede llevar a pérdidas, especialmente en las cadenas más pequeñas.
Y eso ya está ocurriendo. Hay empresas que están teniendo enormes dificultades y donde el absentismo es uno de los factores más críticos.
VF. En los últimos años el sector ha sido objeto de fuertes ataques políticos y mediáticos. ¿Cómo se combate esa imagen negativa?
IGM. Con pedagogía y con datos.
La distribución alimentaria española tiene una excelente imagen entre los consumidores y como prueba de ello tenemos que más de 16 millones de personas acuden diariamente a los supermercados de nuestras empresas asociadas.
La pandemia además mostró el enorme compromiso de las empresas y de los trabajadores del sector. Es verdad que cuando suben los precios aparecen acusaciones, pero los datos demuestran cómo funcionan realmente los márgenes y la competencia. El problema es que a veces hay actores políticos o sociales que intentan aprovechar la notoriedad de las empresas de distribución para generar confrontación o crispación. Eso no ayuda a entender la realidad.
Nosotros seguiremos explicando cómo funciona el sector y cuáles son las ventajas de tener una cadena alimentaria tan eficiente como la española.
VF. Después de tantas crisis consecutivas, ¿cómo ve el futuro de la distribución alimentaria española?
IGM. Con optimismo. La distribución ha demostrado una enorme capacidad de adaptación a todos los cambios sociales de las últimas décadas: cambios demográficos, nuevos hábitos de consumo, envejecimiento de la población, inflación o transformaciones tecnológicas. Y seguirá haciéndolo.
España tiene la enorme ventaja de ser uno de los grandes productores mundiales de alimentos y eso es estratégico en un contexto internacional tan incierto como el actual. La distribución alimentaria española ha demostrado una resiliencia extraordinaria y seguirá respondiendo a las necesidades de los consumidores, sean cuales sean los cambios que vengan en el futuro.
Acceso a la entrevista en las páginas 4-6 del dossier Supermercados y Grandes Superficies en el ejemplar de Valencia Fruits.
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