Durante años hemos digitalizado procesos, explotaciones y organizaciones. Hoy descubrimos que el mayor valor de ese esfuerzo no era la información almacenada, sino el conocimiento que ahora la inteligencia artificial puede transformar en mejores decisiones

Las organizaciones que mejor conozcan su propio negocio y conviertan ese conocimiento en inteligencia operativa marcarán la diferencia. / VISUAL NACERT
Mercedes Iborra (*)
Las grandes transformaciones tecnológicas casi nunca empiezan el día en que aparece una nueva tecnología. Empiezan cuando cambia la forma de trabajar de las personas y de las organizaciones. Creo que eso es exactamente lo que está ocurriendo con la inteligencia artificial.
En mi opinión, su mayor impacto no está en las nuevas herramientas que empiezan a formar parte de nuestro día a día. Está en que nos obliga a mirar con otros ojos todo el camino recorrido durante los últimos veinte años de digitalización.
En el sector agroalimentario esa reflexión tiene un significado especial. La inteligencia artificial no llega a un sector que empieza de cero. Llega a un sector que lleva décadas invirtiendo en tecnología, digitalizando explotaciones, conectando procesos y construyendo plataformas para gestionar mejor la producción, la calidad, la trazabilidad, las certificaciones o la relación con agricultores y clientes.
Muchas veces explicamos ese recorrido hablando de software, sensores, cuadernos de campo o imágenes de satélite. Todo eso ha sido importante, pero creo que el verdadero legado de la digitalización ha sido otro.
Hemos conseguido conservar el conocimiento
Cada campaña ha dejado aprendizajes. Cada estrategia de fertilización, cada ensayo varietal, cada auditoría, cada incidencia climática o fitosanitaria, cada análisis de calidad y cada decisión tomada por un técnico o un productor han ido construyendo un conocimiento que antes permanecía, en gran medida, en la experiencia de las personas.
Ese conocimiento ya forma parte de las organizaciones. Y eso cambia completamente la forma de entender la inteligencia artificial.
Hasta ahora el conocimiento estaba ahí, disponible para quien supiera dónde buscarlo y cómo interpretarlo. Hoy empezamos a ver algo diferente. Ese conocimiento puede participar activamente en el trabajo diario. Puede aportar contexto, recuperar experiencias similares, relacionar información procedente de distintos sistemas y ayudar a comprender una situación antes de tomar una decisión.
Creo que ahí está el verdadero cambio. No porque la inteligencia artificial vaya a decidir por nosotros. Sino porque puede ayudarnos a decidir con mucho más conocimiento del que una sola persona podría manejar.
Pensemos en algunas de las decisiones que más condicionan el futuro de una explotación o de una empresa agroalimentaria. Elegir una nueva variedad, definir una estrategia de fertilización, planificar una inversión, responder a un nuevo requisito de un cliente o valorar el impacto de un episodio climático. Ninguna de esas decisiones depende de un único dato. Todas requieren combinar información técnica, experiencia acumulada, comportamiento histórico, normativa, situación del mercado y conocimiento agronómico.
Hasta ahora ese trabajo dependía, sobre todo, de la experiencia de las personas.
A partir de ahora también podrá apoyarse en el conocimiento que la propia organización ha ido construyendo durante años.
Por eso creo que la siguiente etapa de la digitalización no consiste en desarrollar más aplicaciones. Consiste en conectar capacidades.
Durante mucho tiempo hemos dedicado enormes esfuerzos a integrar datos y aplicaciones. Era necesario. Cada plataforma resolvía un problema diferente y esa especialización ha permitido avanzar muchísimo.
Ahora empezamos a ver otra evolución. Las plataformas ya no sólo intercambian información. También pueden colaborar entre sí. Cada una aporta el conocimiento que mejor domina y la inteligencia artificial es capaz de relacionarlo para construir una respuesta mucho más completa que la que ofrecería cualquier sistema por separado.
Ese cambio nos acerca a una idea que, personalmente, me resulta especialmente interesante: la inteligencia operativa.
Inteligencia operativa
Entiendo la inteligencia operativa como la capacidad de una organización para aprovechar todo el conocimiento que ya posee y ponerlo al servicio de las personas cuando realmente lo necesitan. No consiste en tener más información. Consiste en que la información adecuada aparezca en el momento adecuado, con el contexto adecuado y ayude a tomar una mejor decisión.
Creo que esa diferencia es mucho más importante de lo que parece.
Durante años hemos digitalizado procesos. Ahora empezamos a digitalizar la experiencia. Y eso abre posibilidades completamente nuevas.
Pensemos, por ejemplo, en el desarrollo de una variedad vegetal. Su éxito no depende únicamente de la genética. También depende de todo lo que aprendemos después: cómo responde en diferentes zonas de cultivo, qué manejo ofrece mejores resultados, cómo evoluciona su calidad, qué aceptación tiene en el mercado o cómo se comporta durante la postcosecha.
Ese conocimiento suele estar repartido entre obtentores, productores, técnicos, comercializadores y centros de investigación.
La inteligencia operativa permite que todo ese aprendizaje deje de estar disperso y pueda convertirse en un apoyo real para las decisiones futuras.
Lo mismo ocurre con la fertilización, la gestión del agua, la sanidad vegetal, las certificaciones o la planificación económica. En todos esos ámbitos, la ventaja ya no dependerá únicamente de disponer de información. Dependerá de la capacidad para transformar esa información en conocimiento útil para decidir mejor.
Esa es precisamente la reflexión que nos ha acompañado durante el desarrollo de AgroVRAIN. Desde el principio entendimos que el reto no era construir un asistente que respondiera preguntas sobre agricultura. El verdadero desafío era desarrollar una inteligencia especializada capaz de trabajar con el conocimiento agronómico de cada organización y hacerlo útil para quienes toman decisiones cada día.
Por eso creo que la ventaja competitiva de los próximos años no estará en utilizar un determinado modelo de inteligencia artificial. Esos modelos seguirán evolucionando y estarán al alcance de todos.
La diferencia la marcarán las organizaciones que mejor conozcan su propio negocio y sean capaces de convertir ese conocimiento en inteligencia operativa.
Si miro hacia atrás, tengo la sensación de que durante muchos años la digitalización nos ayudó a registrar lo que ocurría en nuestras explotaciones y en nuestras empresas.
La inteligencia artificial nos ofrece ahora la oportunidad de que todo ese conocimiento acumulado deje de ser únicamente un registro del pasado y empiece a convertirse en un compañero de trabajo para el futuro.
Y, en mi opinión, esa puede ser una de las mayores oportunidades que ha tenido el sector agroalimentario en mucho tiempo. Merece la pena aprovecharla.
(*) Cofundadora de VisualNACert
Acceso a la entrevista en la página 6 del dossier Tecnología y Digitalización en el ejemplar de Valencia Fruits.
Acceso íntegro al último ejemplar de Valencia Fruits.



